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| Oberto festeja el pase a la semifinal. |
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Sufrido, muy sufrido, así puede definirse el triunfo que el seleccionado argentino de básquetbol consiguió sobre Grecia por 69-64 (29-35), para pasar a una histórica semifinal de Juegos Olímpicos en la que enfrentará al desconcertante Dream Team norteamericano.
Sólo los errores cometidos por los jugadores argentinos, amén de los que surgieron desde el banco, a partir del segundo cuarto permitieron el agrande del rival y por lo tanto que el partido llegara a su final con el resultado abierto para cualquiera de los dos.
Porque ese arranque espectacular, que incluyó dos triples consecutivos de 'Pepe' Sánchez y una ráfaga de buen juego de Fabricio Oberto, hizo presagiar que la Argentina iba a hacerse fuerte y controlaría la presión griega.
Pero el partido tuvo un brusco cambio al comienzo del segundo cuarto. Rubén Magnano decidió que Emanuel Ginóbili y Andrés Nocioni se quedaran en el banco, y que Alejandro Montecchhia y Sánchez se turnasen en la conducción del equipo. Pero la cosa no funcionó como pensaba el técnico argentino.
El seleccionado comenzó a desbarrancarse. Nadie embocaba, nadie conducía, nadie encestaba (durante 5 minutos el seleccionado no acertó ni un simple) y encima algunos, como el 'Chapu' Nocioni, ingresaron en un espiral de nerviosismo.
Entonces, de la mano de Nikolaos Chatzivettas, el limitado equipo griego comenzó a recuperar terreno. Y el avance griego no se detuvo: por el contrario, se convirtió en algo demoledor, que le permitió ganar el segundo cuarto por un impensable 21 a 7. Parecía que se venía la noche.
Y esa noche continuó en el inicio del tercer cuarto, hasta que Magnano tomó su primera gran decisión de la noche: hacer ingresar a Walter Herrmann. De la mano del alero santafesino llegaron los primeros tantos del parcial y entonces la Argentina comenzó a ganar en confianza.
Y en la medida que la Argentina ganó confianza y seguridad, el partido se volvió lógico, porque como era de esperarse, al sentirse presionado por el rival, Grecia comenzó un sinfín de errores, errores lógicos de un equipo más bien discreto. Aún a pesar de la debacle griega, la Argentina recién pudo retomar el control del marcador a 8 minutos 41 segundos del final del partido.
En ese momento se puso 55-53 y de ahí en adelante ya no soltó la delantera. Sin embargo, volvieron a producirse errores de todo tipo, como la falta de variantes ofensivas.
Pero Grecia ya estaba tocado y comenzó a pesarle el hecho de ser local. Eso se notó cuando a 35 segundos 6 décimas del final, con el resultado 65-64 en favor de la Argentina, no supo aprovechar un ataque le hubiera permitido pasar al frente en el marcador, o al menos igualar el partido.
Esa chance desperdiciada fue el último clavo en su ataúd. En el siguiente ataque la Argentina no falló y liquidó el partido, el partido en el cual ambos se jugaban la gloria, algo de lo que ahora sólo podrá disfrutar el seleccionado argentino.
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