El público recibe a los competidores |
El primer Rally Dakar, que se corre en suelo sudamericano, culminó este sábado en la capital argentina donde miles de espectadores acudieron al cierre de la travesía que fue vivada a su paso por más de un millón y medio de personas y reportó al país unos 30 millones de dólares, según cifras oficiales.
"Es impresionante el apoyo de la gente, todo este recibimiento es increíble, jamás lo había imaginado", confesó este sábado el piloto argentino de cuatriciclo, Marcos Patronelli, en su arribo a la ciudad de Carcarañá (350 km al noreste de Buenos Aires).
Allí unas 150.000 personas saludaron a los competidores en uno de los puntos del tramo final hacia Buenos Aires.
El público argentino dejó testimonio de su fervor en cada una de las 14 etapas de la competencia, que en Argentina incluyó nueve provincias en los cuatro puntos cardinales, desafiando condiciones extremas y temperaturas agobiantes en pleno verano austral.
"Los pobladores son fabulosos, no pensaba ver tanto entusiasmo, en las estaciones de nafta en Africa, aprovechábamos para descansar, aquí ni siquiera me saco los anteojos de tanta gente que hay", admitió el experimentado piloto de motos, el francés David Frétigné.
Los pilotos arribaron a la etapa final en el predio ferial de La Rural, en Buenos Aires, tras recorrer casi 9.500 kilómetros y cruzar la cordillera de Los Andes dos veces, en una competencia que abandonó Africa por primera vez en la historia para trasladarse a Argentina y Chile huyendo del terrorismo.
Miles de personas soportaron este sábado la inclemencia de 37 grados celsius de temperatura para recibir en el barrio porteño de Palermo a los afortunados pilotos que lograron completar el exigente circuito de la travesía.
"Es pura emoción, vine a la largada y no me iba a perder el final, ojalá vuelvan a hacerlo acá el año que viene", confesó Dora, una mujer de unos sesenta años de quien poco puede sospecharse semejante pasión por el rugir de los motores.
Su presencia sin embargo no desentonaba dentro de un público familiar que nutrió los lados de la coqueta avenida Del Libertador para ver pasar a los competidores.
"Mirá eso, es un fierro (una gran máquina)", dice a un amigo Nicolás, un joven de veintipico de años que se toma la cabeza en un gesto de asombro y encaramado en el vallado fotografía el imponente Hummer que conduce el estadounidense Robby Gordon.
Los competidores se ganaron los vítores del público toda vez que tomaron contacto con la gente, que soportó durante horas el calor sofocante hasta ver el ingreso de los camiones, los últimos en arribar al predio.
Pero el apoyo del público al Rally Dakar se hizo notar incluso en pleno desierto, donde los fanáticos parecían salir de la nada para vivar el paso de los vehículos y agitar banderas argentinas en medio de las dunas.
"Argentina y Chile nos trataron de una manera fantástica, esto me lo voy a acordar siempre", dijo este sábado el español Marc Coma, campeón en motos, ovacionado como pocos en su arribo a La Rural.
Centenares de curiosos, cámaras en mano, se agolparon en cada uno de los campamentos reservados para los pilotos y personal de apoyo del rally, en la esperanza de tomarle una fotografía a las estrellas de la travesía, en especial a los pilotos españoles y argentinos.
El paso de los camiones fue especialmente festejado por el público que esperó durante horas para ver a estos gigantes a la vera de los caminos rurales y bregó por conseguir algún ''souvenir'' como testimonio de una carrera que alteró la quietud cotidiana de esos remotos parajes.
Pero además de la pasión del público, la competencia dejó un jugoso rédito económico que cifras oficiales estimaron en alrededor de 30 millones de dólares y sirvió como acción de promoción para la industria turística argentina.
"El éxito fue inimaginable, hubo miles de notas en los principales diarios del mundo, fue la mejor acción de promoción del turismo que hemos tenido en toda la historia", aseguró el Secretario de Turismo de la Nación, Enrique Meyer.
La competencia, que se realizó entre el 3 y el 17 de enero, llegó a Sudamérica un año después de la anulación de la prueba, amenazada en Africa por islamistas vinculados con Al Qaida.