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Patrioteros

AFP
Jorge Valdivia enfrenta a Gilberto, en el juego de ’La Roja’ frente a Brasil, en la pasada Copa América

Felipe Bianchi Leiton
Santiago (Chile)

Hay muchas cosas que sacarle en cara a Jorge Valdivia, aún a costa de ganarse la antipatía del jugador o de los fanáticos que entienden el fútbol como un juego que se desarrolla únicamente en la cancha.

En general, las declaraciones del volante chileno de Palmeiras son poco felices y en tono de queja ante una prensa que, supuestamente, "no lo apoya ni lo comprende".

Pero el último capítulo de los affaire Valdivia, esos comentarios vertidos al diario deportivo brasileño Lance, donde señaló que, pudiendo elegir, preferiría jugar por Brasil que jugar por Chile, no son graves. No dan para rasgar vestiduras.

No creo en la tesis de la "broma" ni de la "tergiversación". Valdivia dijo lo que dijo en el exacto tono que se supone, como se puede ver en su entrevista. Y digo "ver" ya que, por esas cosas de la modernidad, hoy las entrevistas de varios medios escritos se acompañan en Internet por imágenes de la misma. No hay posibilidad de error y es fácil discernir cuando alguien está jugando o hablando en serio.

Valdivia hablaba en serio. Pero lo que dijo no tiene ninguna importancia, ninguna carga ni agobio, ningún peso específico como para tratarlo de "antipatriota"... como han hecho algunos con una liviandad impresionante. Y ojo, que lo dice un periodista que ha sido vetado explícitamente por el jugador, con nombre y apellido.

¿Cuál es el problema de decir que Brasil, en materia futbolística, es más que Chile? ¿Cuál es el drama, cuál la traición, cuál el pecado de asumir que sería un sueño formar parte del scratch? No consigo entenderlo. No hay enfado posible. Es obvio que Valdivia, igual que cualquiera de nosotros, sabe que no podría jugar por Brasil jamás. Ni siquiera si algún día se nacionalizara: ya jugó por Chile y eso, para el reglamento de la FIFA, es definitivo, terminal. Por ende se trata sólo de una manifestación de intenciones, de un ejercicio potencial, irreal, fantástico, una especie de sueño sin pies ni cabeza. Lo que ha dicho y hecho Valdivia es divertirse un poco. Y eso no debiera tener costos.

Tomarlo desde la vereda de la seriedad, de lo factual, de lo posible, es no tener una pizca de creatividad. No está renunciando Valdivia a ser chileno, no está diciendo que le da vergüenza haber nacido acá: sólo está diciendo que si la vida fuera un juego, él hubiera preferido jugarlo por Brasil, con Kaká, Robinho y Ronaldinho como aliados. Quién no. Pero le tocó Chile, esas son sus cartas y con ellas tiene que barajársela. Y no tiene ningún problema en seguir haciéndolo.

Si a mi me preguntaran, seguramente diría que hubiese preferido ser redactor de L'Equipe o de El Gráfico o del Guerin Sportivo que ser periodista en Chile, donde el deporte tiene mucho más que ver con las carencias, las rabias, las desilusiones y los fracasos que con otra cosa. ¿Significa eso que no quiero a Chile? Por favor.

Si le preguntan a un actor de teleseries de TVN seguro que hubiera preferido actuar al amparo de Woody Allen o Scorcese que de Sabatini, pero eso no es un ninguneo de sus compañeros ni una expresión de dolor, amargura o espanto por tener que trabajar en Chile. Uno es lo que es, lo que le tocó ser, aunque mantengamos abierta la ventana de los sueños. Los sueños no son más que eso: ilusiones sanas, juegos de rol. Habiendo tantos clavos y razones para crucificar, para qué desperdiciar fuerza en anécdotas menores.

A Valdivia hay que retarlo cuando se lo merece, pero no siempre se lo merece. No haberle tomado el peso en la Copa América a su cargo de capitán, fue un error inaceptable. No reconocer la equivocación tras los descalabros de Puerto Ordaz fue francamente insano. Entender que el problema es el "periodismo-sapo" que lo persigue, en vez de sus propios demonios, no es útil ni inteligente, pero estas últimas declaraciones no tienen nada de graves ni de feas ni de impresentables. Son harina de otro costal.

¿Quién no quisiera haber jugado por Brasil para ganar siempre, para ser un poquito más feliz y más exitoso, para levantar copas una y otra vez? Otro ejemplo: yo y usted amamos a nuestras mujeres, pero nadie le habría hecho asco a Penélope Cruz o a la primera dama de Francia. Déjense de joder. Si le vamos a pedir algo a Valdivia, pidámosle que haya aprendido la lección y que deje atrás, de una vez por todas, sus arranques adolescentes. Pidámosle que entienda que el fútbol profesional se juega tanto en la cancha como fuera de ella, que hay derechos y deberes. Pero nada más. No le pidamos que sea el padre de la patria o más nacionalista que Miguel Serrano o Germán Becker.

Mucho más graves y debatibles que las declaraciones de Valdivia, fíjese, me parecen las de Manuel Pellegrini, quien acaba de decir que el técnico de Chile debiera ser chileno. Esas cosas -retrógradas, prehistóricas, proteccionistas- no se dicen ni en broma. Menos en un país como el nuestro, creado, formado, construído peldaño a peldaño, ladrillo a ladrillo, por manos y cerebros extranjeros. Al mando de la selección deben estar los mejores. Punto. Sean de Polonia, Arabia, Filipinas o, incluso, Chile. ¿Pero requisitos de nacionalidad? ¿En el profesionalismo? Por Dios. ¿Y si mañana le ofrecen a Pellegrini la selección de Ecuador, de Argentina o de Bulgaria? ¿Va a decir que no?

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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