Terra
Terra
 
 

Terra Magazine

› Terra Magazine

Lo mejor de "Siútico": la cuica aro-perla

Cortesía
Portada de Siútico, arribismo, abajismo y vida social en Chile, el más reciente ensayo de Óscar Contardo.

Ximena Torres Cautivo
Santiago (Chile)

Óscar Contardo no tiene nada de siútico, de manera que su reciente ensayo Siútico, arribismo, abajismo y vida social en Chile, es en un 70 por ciento un texto pulcro, documentado y a ratos tan lejano, como suelen serlo los sabanazos del cuerpo cultural dominical del decano de la prensa. Del Artes y Letras de El Mercurio. Del "Artes y Latas", como lo denominó en su momento un ácido cínico.

Pero en el 30 por ciento restante, cuando el periodista que hace unos años escribió en tándem La era ochentera, un libro generacional y muy pop, deja salir al Yerko que hay en él la letra cobra otro cariz. Se pone definitivamente sabrosa. Son suculentos todos sus comienzos de capítulo, donde a partir de un personaje ficticio ejemplifica un rasgo propio de la siutiquería.

Cito: "La casa de Luis Catalán tenía un living con mucho fleco. Flecos en la alfombra, en los pañitos de crochet sobre la tele, la radio y la mesita de centro; flecos en la cenefa de tonos damasco, que hace juego con la cortina color vino, que a su vez combina con los sillones de felpa. En una pared, abanicos; en la otra un gobelino de la torre Eiffel enmarcado con flecos de terciopelo negro. En la mesa de centro, chiches de loza: tres elefantes con la trompa curvada en dirección a oriente, junto a las cucharitas de souvenir de Mendoza, México y Río de Janeiro".

Este sería un ejemplo de siutiquería decorativa chilena clásica, donde la palabra 'cenefa' es clave, aunque se le olvidó 'borla'.

Otro: "Un día de invierno Pamela Matus dio el primer paso sin retorno rumbo a lo incierto: se tiñó el pelo. No fue más que una mecha, algo más clara; la misma con la que esculpía una chasquilla vigilante y erguida. Poco a poco continuó la faena del blanqueamiento, abusando de la base de maquillaje y oxigenándose cada vez con menos pudor la cabellera".

Esta vez la descripción alude a lo siútico aplicado al look: blondor intensivo más "chasquilla Ladeco", como se le llamaba en otros tiempos a ese artilugio capilar que usaban las azafatas de la desaparecida línea aérea del cobre, son dos clásicos en la materia.

Yo he escrito mucho sobre siúticos y siutiquerías, he comparado el término -tan único, pequeño y nuestro- con el mucho más moderno "status", con el castizo "cursi", el alemán 'kitsch', y con otros aledaños, como "arribista", "aspiracional" y "desclasado". He hecho crónica social, describiendo usos y abusos de cuicos, pitucos, pirulos, cuafos, flaites, peloláis, pokemones, en fin... y el tema siempre funciona. A todos nos gusta reconocer a otros en estas clasificaciones sociales; nunca a uno mismo. Por eso aparezco entrevistada en el texto de Óscar Contardo, tal como también figura Totó Romero, mi socia en un libro que reflejó cómo estaba el panorama social recién estrenada la democracia, a comienzos de los 90. Esa experiencia al parecer me da galones en la materia, por eso me atrevo a criticar a su autor el exceso de documentación del que padece Siútico, mucho cronista de comienzos del siglo 20, demasiado Blest Gana, dale con Martín Rivas. Por eso, me persiguió una redactora del diario La Nación la semana pasada, pidiéndome que le hiciera un listado de las chilenas más siúticas en plaza. Como si ella no las conociera; típico, el recurso periodístico fácil siempre ha sido sacar las castañas con la mano del gato. La gata, en este caso, que vendría siendo, y con el único resultado objetivo de enemistarme con el prójimo por las puras arvejas.

A estas alturas de la vida, comparto con Óscar Contardo que no se trata de empezar a nombrar siúticos para reírse del gusto ajeno (no digamos del mal gusto, porque -como cualquiera sabe- sobre gustos no hay nada escrito), y anotarse miserables porotos mediáticos. Él, por ejemplo, no da ni un nombre de gente real o viva que responda al arquetipo que se empeña en describir. Inteligente. Y luminoso, cuando en ese treinta por ciento de Siútico, en un subcapítulo del final, hace la tipología del cuico. Bien hecho, bien observado, bien descrito. Me encantó, por ejemplo, "la cuica aro-perla".

"Es la que sintetiza cualquier opinión o acotación en tres palabras: demasiado, amoroso y espectacular. Estos tres adjetivos son para ella lo que el 'ideal' para la señora bien de los años 50. Una economía mental que evita el análisis, la crítica o el enojo, porque la aro-perla no se enoja, no opina, no argumenta, sólo asiente y sonríe". Más adelante: "Puede que la aro-perla vaya a la universidad y estudie diseño, haga un curso o se asocie con otra aro-perla en un emprendimiento que tendrá por objetivo hacer cosas lindas y con sentido, pero siempre que le quite poco tiempo". Así la describe el autor.

Yo añadiría que la aro-perla universitaria se toma el pelo con muchos pinches chicos, como robados a su hermana chica, usa chaquetón estilo montgomery y no es sexy. Es lo que antes se diría "pava". Y así podríamos seguir, porque Chile, como lo revela el fenómeno de la pokemonería en estado menguante, es pródigo en generar zoología humana diversa. Ahora, que pasé de Pañalolén a La Dehesa (vieron qué siútica), me inspiran las rubias a las que se insulta en Siútico (cito de nuevo: "Basta ir a La Dehesa a ver a todas esas rubias que no han puesto la mano en el jardín, que contratan personal para todo y andan en un jeep como si fueran Mata Hari"). Son esas que andan con bolsos Tous originales -hay que botar la imitación Louis Viutton- y que discuten en qué pastelería del barrio está la mejor torta tres leches. Creo que dan para una saga; te dejo lanzada la idea, Óscar.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

Terra Magazine

Terra Magazine América Latina, Vea las ediciones en español