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Candidatos camuflados en elecciones municipales

Terra Chile
Muchos de los candidatos se dicen independientes, lo cual, según Juan Guillermo Tejeda, es un fenómeno que podría atribuirse al deterioro de los partidos políticos.

Juan Guillermo Tejeda
Santiago (Chile)

Mucho hay que preguntar o andar fijándose en detalles minúsculos para saber por qué partido o coalición corre cada uno de los actuales candidatos a alcaldes o concejales para las próximas elecciones municipales del 26 de octubre. Parece imponerse ampliamente la loca onda de ser uno mismo, sin escudos ni logos y ni siquiera colores típicos. Así don Pablo Zalaquett, que juega en su publicidad con la Z del zorro y una mirada profunda, lacrimosa, prefiere el fondo verde oscuro pese a que siendo UDI lo hubiera asociado uno con esa sinfonía en amarillo y azul que es propia de este partido. Su contendor Ravinet se ha volcado en el color naranja y no en la patriótica armonía troicolor de la Democracia Cristiana. Es tal el autismo de Ravinet que incluso ha omitido poner su nombre de los carteles, contentándose con un "marca registrada" al lado de su cara un poco con aire de haber hecho mal la digestión.

En La Reina, doña Sara Campos sonríe desde unos verdes, blancos y naranjas, en tanto que su contendor el Renovación Nacional y actual alcalde don Luis Montt se photoshopeó el busto en un arcoiris de tintes ecológicos. En fin, recorre uno la ciudad y ve muchas fotos sonrientes de cientos de personajes absolutamente independientes, instalados en ambientes cromáticos muy personales.

El fenómeno de que son ahora todos independientes parece deberse al deterioro de los partidos políticos, deterioro que no sabemos bien a qué atribuir, ya que en Chile los partidos funcionan con corrección y logran la proeza de reducir la multitud de opiniones así como las iras o frustraciones de unos u otros para componer un espectro parlamentario y municipal bastante razonable. Pero en fin, la onda de esta primavera es no tener partido. Quizá cada cual espera atraer a los votantes de otros partidos, que para un político es el bocado más apetitoso: que voten por mí aquellos que no están de acuerdo con lo que pienso y represento.

Sin embargo hay algunas claves secretas para los iniciados. Por ejemplo los UDI hacen casi todos ellos un gesto con el pulgar hacia arriba (el tata Pinochet lo hacía con el pulgar hacia abajo). Algunos se retratan con Longueira, siempre animoso y como con pinta poblacional, o sea vestido de Faúndez, o con Lavín que exhibe la blanda sonrisa de sus anteriores fracasos electorales. Siempre es un indicio aquello de al lado de quien se fotografían los candidatos. Hay algunos que aparecen junto a Piñera, y otros, unos pocos, con Lagos o con Frei, porque, al parecer, hubo un acuerdo para no hacerlo ya que la pelea presidencial concertacionista está un poco confusa. A Soledad Alvear, a Insulza y a Trivelli nadie les ha pedido foto, por lo que se ve.

Otra clave es atender a la cantidad de pancartas y a su tamaño. Casi siempre los partidos de los ricos disponen, lógicamente, de más superficie, más color, más sonrisas, y decimos eso aunque se nos critique alegando que son todos los partidos iguales, corruptos, ineptos, etc. La verdad es que los ricos, aunque por educación son algo reacios a la política -la consideran una ordinariez-, nunca han dejado de tener sus regios partidos políticos, y también los tienen en esta elección municipal, faltaría más, aunque no se perciban a primera vista. Si dispone uno de muchos millones ¿por qué no mandarse a hacer unas pancartas premium extra plus? Tienen todo el derecho, se lo han ganado.

Atendiendo a la semiótica corporal aparecen otros indicios. Así por ejemplo, cuando vea uno a un compadre con cara de dolor, mucha barba y pelo largo cortado como a mordiscos, es casi seguro que estamos ante las huestes más de la izquierda, y lo mismo si la candidata tiene pinta de no conocer mucho los malls.

Otra pista interesante es la de los parentescos, que en Chile nos gustan tanto. El hermano, la hija, el cuñado, la prima... dan mucho resultado en política. Uno ve letreros donde dice: Alessandri, Monckeberg, Viera-Gallo, Allende, Matthei, Ossandón, etc., y piensa que se trata no tanto de apellidos como de marcas registradas.

En fin, estamos ubicándonos, tratando de entender. Antes había menos listas, como que nos habían puesto en un internado y estaban por un lado los pinochetistas y por el otro los democráticos, en cambio ahora parece que hay más. Pero bueno, lo positivo que junto a la foto de los candidatos no figure un logo o el nombre de un partido o alguna idea (¿existirán todavía las ideas?), es que para desentrañar el misterio nos vemos obligados a preguntar, a conversar con la gente del barrio, a hacer un poquito de vida social. Y eso es algo que siempre viene bien en este frío mundo mediático, consumista e individualista en el que estamos inmersos.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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