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Reutemann: El silencioso que da que hablar

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Reutemann puso una condición para "esta vez", ser candidato a presidente: el triunfo como senador de su provincia, Santa Fe. "Si gano la elección por un voto, entonces sí" prometió. Y ganó.

Sol Lauria
Buenos Aires, Argentina

"¿Para qué hablar? No vale la pena, eso ya está en el pasado", le contestó Carlos Alberto Reutemann a un cronista de la revista Corsa, especializada en automovilismo, cuando le preguntó por la carrera que lo dejó segundo en el mundo en 1981. Después de 10 años como piloto de Fórmula Uno, 19 de político, 67 de vida y la misma cantidad de hijas que de matrimonios (dos), el Lole sigue igual: no habla, no mira hacia atrás y no hace cualquier cosa por el primer puesto, aunque siempre quiere ganar.

Es un misterio. Se cree que es millonario, pero ninguna fuente o dato puede arriesgar la suma exacta a la que asciende su supuesta fortuna. Sus silencios son señalados como un signo de inteligencia por quienes lo quieren: "Es un tiempista", jura un integrante de su séquito político. Los que no le tienen simpatía arremeten: "No habla porque no sabe hablar". Y un adversario político jura que su silencio obedece a una conciencia encarnizada de sus propias limitaciones.

Lo que a esta altura nadie discute es que, cuando finalmente suelta dos o tres palabras, desparrama un reguero de interpretaciones y contestaciones.

A fines del 2008 lanzó una frase como para que titulen los diarios: "Esta vez sí pensaría en ser presidente. Esta vez vale la pena". Y los diarios titularon. Y todos los políticos argentinos opinaron. Todavía lo hacen.

Puso una condición para "esta vez", la tercera que la historia le da para ser candidato a presidente, aceptar: el triunfo como senador de su provincia, Santa Fe. "Si gano la elección por un voto, entonces sí", prometió. Y ganó.

Con la reivindicación de los intereses del campo como caballito de batalla recorrió, una vez más, las 365 localidades de su provincia. Ya lo había hecho cuando se presentó por primera vez como candidato a gobernador, en 1990, para preguntarle a los santafesinos si creían que él los podía representar: "Me decían: '¿Por qué no?'. Me decían que no querían corrupción, que querían decencia, que haya clases. Luego de esa gira decidí hacer la prueba y presentarme como candidato a gobernador".

Arrasó en Santa Fe en aquellas elecciones, un 8 de septiembre. Y, aunque por poco, ahora también. Contra el oficialismo nacional (Néstor Kirchner avaló la lista del Frente para la Victoria, con Agustín Rossi a la cabeza) y el provincial (el gobernador socialista Hermes Binner intentó imponer a Rubén Giustiniani), finalmente Carlos Reutemann festejó como nunca antes había festejado el triunfo en las elecciones del 28 de junio de 2009.

Hizo varios esfuerzos para ganar. El hombre que siempre le esquivó a los periodistas, a quienes no les tiene ninguna simpatía, creó una página web, recorrió cuanto programa televisivo y radial existe, y dio notas a todos los diarios nacionales. Se peleó con todos. Algo impensado en sus tiempos de triunfador seguro en la provincia que, ésta vez, no le garantizaba la elección.

Y la pelea sigue. A dos meses de los comicios, su eterna y leal compañera de fórmula, Roxana Latorre, dio la firma que hacía falta en el Senado de la Nación para habilitar el tratamiento de la prórroga las facultades delegadas. Entre las que aprobó el Senado estaba la facultad del Ejecutivo Nacional de cobrar retenciones a las exportaciones. La Casa Rosada puede fijar ese tipo de impuesto porque el Congreso viene autorizándola a hacerlo, y ahora la autorizó por un año más.

Reutemann respondió fiel a su estilo a lo que muchos señalaron como una operación kirchnerista para abortarle la candidatura presidencial para 2011: "Que a la candidatura se la recontra metan en el medio del c... El futuro me importa tres pitos". Como siempre, habla poco. Pero da que hablar.

Hacia atrás

Carlos Alberto Reutemann nació en el corazón del interior de una provincia gringa cuando el sacrificio del trabajo constante encerraba la promesa de la cosecha abundante. Sólo hacía falta poner dedicación, el rico suelo Argentino daba todo lo demás.

El progreso fue vivencia. Y el empeño también. Sus manos curtidas pasaron a aferrarse, con una diferencia de 23 años, de un viejo tractor a un Ferrari en Europa. Pasó de las ferias domingueras al jet set monaguesco.

Hijo de inmigrantes suizo alemanes, es exponente de esa Argentina que soñó Alberdi cuando afirmó categóricamente que poblar era la misión del Estado en un país cuyos males provenían casi en su integridad del predominio de los desiertos. Su padre, Enrique Reuteamnn, era productor agropecuario y la mamá, Flora Molina, ama de casa.

Un repaso por su pasado, aunque no es amigo de estas prácticas nostálgicas -"yo nunca, pero nunca, miro hacia atrás. Siempre hacia delante", dijo- demuestran su tenacidad. En Manucho, pueblo donde nació y vivió hasta que ingresó como pupilo en el colegio jesuita Inmaculada Concepción de la ciudad de Santa Fe, aprendió a arremeter contra lluvias, escarchas y madrugadas camperas, para ayudar al padre en la producción agropecuaria.

No cree ser un misterio. Lo dice más con gestos que con palabras, aunque enseguida justifica el vaivén de su cabeza y el frunce de nariz: "Yo sólo tuve una vida de mucho esfuerzo, mucho sacrificio. Hice muchas cosas en mi vida, muchas... Irreproducible es".

Y si para muestra basta un botón, como ejemplo empieza a repasar su pasión -manía, para nombrarlo en su justo término- por los autos: "Yo siempre estuve obsesionado por los fierros, de chiquitito. Lo miraba a mi papá y le copiaba... Lo primero que maneje fue un tractor, que era muy complicado, a los 7 años".

De ahí pasó a un rastrojero con el que hacía slalom en el barro los días de lluvia. Después un Ford A modelo 28 "viejísimo, ya ni se conocen". Pero de su casa a la escuela iba a caballo, "seis kilómetros de ida y seis de vuelta". Cuando se bajaba del caballo volvía al auto.

Y con los autos corrió 144 carreras, ganó doce grandes premios, y estuvo entre los diez mejores del mundo en una época donde había genios en las pistas.

Cuando se retiró de las pistas, volvió a su lugar. Vivía tranquilamente, como tanto le gusta, en Santa Fe cuando recibió un llamado de Julio Mera Figueroa, el ministro del Interior del ex presidente Carlos Menem.

Reutemann era entonces un independiente, proveniente de una familia con simpatía por el desarrollismo: "Cuando yo entro al justicialismo de Santa Fe en realidad lo hago como un independiente. En mi casa se hablaba de desarrollismo, mi padre tenía afinidad con Frondizi y mi tío, el doctor Rodolfo Weiman, era del Movimiento de Integración y Desarrollo", contó.

Ganó esas elecciones a su manera, sin jefe de campaña y sin encuestadores: "Mis encuestadores fueron el panadero o el sodero. Les di la mano y los miré a los ojos".

En el año 1991, a los 49 años y paralelamente a sus actividades en el sector privado como productor agropecuario; inicia su actividad política en el Partido Justicialista como gobernador de la provincia de Santa Fe (1991 - 1995).

En 1994 es electo Convencional Constituyente para la Reforma de la Constitución Nacional. En 1995, senador nacional hasta que vuelve a la gobernación en 1999, y, otra vez, senador en 2003. Y en el 2009 también.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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