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Sebastián, ¿viste a la pareja tirando en la azotea?

Getty Images
Las imágenes fueron captadas por un teléfono móvil. Para ser coherentes, no quisimos poner aquí un 'pantallazo' de la pareja en plena faena en la azotea.

Ximena Torres Cautivo
Santiago, Chile

Entre una desbordante pauta de noticias importantes, significativas, con profundas repercusiones en la vida de cientos de miles de seres humanos -las elecciones municipales, el escándalo de las muertes de contagiados de Sida no informados del resultado de sus exámenes, el desplome de las Bolsas mundiales, la expectante posición del candidato demócrata (y negro) en la carrera por la Casa Blanca-, fue público y notorio que la semana pasada el canal de Sebastián Piñera consideró que los precarios minutos de intimidad de una pareja en la azotea de un edificio, captados con el celular de un oficinista, merecían tres minutos y ocho segundos de "nota" en el noticiero central.

La picaresca pieza "periodística", donde se ve a un clásico chileno medio con los pantalones y los calzoncillos a la altura de los tobillos montado sobre su amada (esperemos que lo haya sido), en la típica postura del "misionero", recuerda escenas del entrañable Show de Benny Hill. Es más, las risas y vítores de los oficinistas que captaron la escena en horas de trabajo terminan de convertir la grabación en una suerte de soap opera onda Friends, salvo, claro está, por la pésima calidad de la imagen. El "valor" del hecho que tuvo de cabeza a una ágil y ocurrente reportera lo justificaba. La periodista trabajó amparada en la sociológica tesis de que esto de hacer el amor sobre el tejado caliente y toda suerte de incómodos lugares públicos es una práctica que se está volviendo cada vez más común en las sociedades desarrolladas y que respondería al zoológico nombre de dogging, expresión derivada de "dog". O sea, perro. Es decir, sería lo mismo que perrear pero en inglés.

A estos antecedentes, la profesional sumó un intenso trabajo de reporteo mostrándoles las imágenes a los vecinos del edificio donde se dieron los hechos y preguntándoles si conocían a los protagonistas de la escena. Dado que lo único visible de la pareja era el albo trasero del amante, nadie supo dar ni un dato confiable. Por suerte; mal habría quedado aquel vecino capaz de reconocer a los copropietarios de su edificio por el poto (aunque existen tesis que avalan que existe una notable concordancia entre cara y traste; da para tema de noticiero central). Las declaraciones o "cuñas" de los consultados eran del tenor: "Schist, por qué no avisaron que lo iban a hacer" y "¿que cómo encuentro hacer el amor el azotea? Yo lo hallo duro". Chascarro tras chascarro avanzaron los tres minutos y ocho segundos de nota periodística, harto más que el tiempo destinado, por ejemplo, a los sucesos internacionales.

En este contexto, uno entiende la decisión de Alejandro Guillier, el conductor y periodista encargado de presentar el tema. Hace unos días se supo que había tomado la decisión de emigrar al proyecto del Departamento de Prensa de TVN que busca competir con una señal exclusivamente de noticias on line con CNN Chile, el que se sabe está pronto a debutar. Se ha dicho en la prensa que los ejecutivos del canal de Piñera están molestos con la manera de irse de Guillier, sin darles pie a una contraoferta o a tratar de disuadirlo. A ninguno se le ocurre pensar que existe algo que se llama cláusula de conciencia y que tiene que ver con que a veces los periodistas volvemos a nuestro origen y nos damos cuenta de que no es ético ni correcto ni profesional que los departamentos de prensa funcionen con los mismos criterios de las áreas de producción de entretenimiento.

Hacer periodismo no puede ser lo mismo que ofrecer espectáculo. Por eso probablemente lo medios no hicieron ningún caudal con la suspensión de un capítulo del programa de denuncia "Esto no tiene nombre", de TVN, que fue altamente promocionado en las pantallas del canal nacional la semana pasada. El tema era horroroso: mostraba el caso de una niña enjaulada en un hogar de las Hermanas de la Caridad, generando la sensación de que ahí había un abuso sin nombre. Ciertamente las imágenes garantizaban un altísimo rating, pero al entrar a ponerle un poco de pensamiento, reflexión y humanidad al caso, el equipo del programa conducido por Iván Núñez reparó en que el caso no tenía solución posible y que esa niña, fruto de la violación a una joven retardada, con severos problemas psiquiátricos, no sería rescatada ni salvada ni mejorada al exhibir su situación en los términos que se estaba planteando.

Es importante parar y pensar. Darse cuenta de que el periodismo es básicamente un servicio noble, y no una industria entregada a satisfacer el morbo de la audiencia. Es verdad que los tiempos y los medios están en eso, pero si no reaccionamos lo seguiremos estando.

Sabemos que en esta materia no existe medio que esté libre de pecado, que todos tenemos tejado de vidrio, pero es importante que los periodistas y los que tenemos cargos de responsabilidad en algún medio no nos cohibamos por esa mala conciencia. Y que seamos capaces de decir no, eso yo no lo hago. No, ese no es tema de portada ni tampoco de las páginas interiores, por mucha audiencia que convoque. No, no me parece que esa pareja tirando en la azotea merezca un lugar central en un canal de noticias. Que aprendamos a diferenciar lo que es información de lo que es pan y circo sobre el tejado caliente.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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