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"Colombia es un país que expulsa su gente"

Archivo personal/Reproducción
"Dejar a más de la mitad de la gente en el desamparo, en el olvido, sin oportunidades frente a la vida, es no construir una patria segura para sí mismo. Es una insensatez".

Antonio Morales Riveira
Bogotá, Colombia

De libros y entre libros ha vivido casi toda su vida William Ospina, el escritor que comenzó como poeta y traductor, saltó el ensayo y siguió de largo hacia la novela. Y con éxito de crítica y ventas en todos esos campos. Lleva embebido varios años, casi una década en la historia de la Colombia de los tiempos de la conquista, y de ahí sigue alimentando sus reflexiones sobre la personalidad social y política de Colombia, uno de los temas clave en su vida intelectual

"Colombia es un país que expulsa su gente y vive de ella y no le agradece", dice en un aparte: en otro, que: "No nos atrevemos a sentirnos iguales. Nos parece que los Estados Unidos son un templo": en uno más, que: "la prueba de que aquí no llega la modernidad, sino el decorado de la modernidad, es que llegan los carros pero no llegan las carreteras". Diagnóstico de un país en el que la clave no está en "el problema de la guerra, ni el narcotráfico".

Ospina es poeta, periodista, ensayista, novelista y traductor. Autor de libros de ensayos como: Es tarde para el hombre, Esos extraños prófugos de Occidente, y de los libros de poemas, Hilo de Arena, La luna del dragón, El país del viento y ¿Con quién habla Virginia caminando hacia el agua? En el año 2005 Ospina publicó su primera novela Ursúa, en la que aborda la historia de Pedro de Ursúa, conquistador español fundador de la ciudad colombiana de Pamplona. En El país de la canela Ospina retomó el hilo histórico de Ursúa y ganó el premio Rómulo Gallegos, unos de las más prestigiosos del ámbito hispano.

El país de la canela su última novela es un viaje a las profundidades selváticas de nuestra historia y un éxito editorial impresionante. Lo felicitamos por haber ganado el premio de novela Rómulo Gallegos. Hablemos William, de historia, de esa historia que es origen y se refleja en la Colombia de hoy. ¿Cuales contradicciones de nuestra historia ve como causas de los enormes problemas de hoy en Colombia?

El desconocimiento de la historia, porque todos los países pasan por tragedias, todos los países pasan intolerancias, todos los países han pasado por graves épocas de opresión, de tiranía, de negación de los derechos de los demás, pero han hecho un esfuerzo por reconciliarse, para reencontrarse, para leer su historia, para aprender las lecciones de esa historia para cambiar. En Colombia tenemos una grave crisis de convivencia; no es ni siquiera el problema de la guerra, ni el narcotráfico, es que los colombianos no nos reconocemos, ni nos apreciamos, ni nos respetamos, ni nos valoramos los unos a los otros y eso es fruto, sobre todo, de la falta de la conciencia de un pasado común.

Pero ese olvido no es espontáneo. La gente no olvida y no conoce porque quiere, sino porque hay unos mecanismos políticos que la hacen no saber y olvidar.

Se combinan intereses, todo país tiene una dirigencia, y a esa dirigencia hay que atribuirle buena parte de la responsabilidad de lo que pasa. Los que han tenido oportunidades, los que han tenido privilegios, los que han tenido el poder en sus manos, son los únicos que tienen la posibilidad, de hacer una lectura más lúcida del país al que pertenecen y de construir un país que sea habitable para todos. Dejar a más de la mitad de la gente en el desamparo, dejar a la mitad de la gente en el olvido, dejar a la mitad de la gente sin oportunidades frente a la vida, es no construir una patria segura para sí mismo. Es una insensatez, y yo diría que ahí es donde está la grave irresponsabilidad, y el grave error de quienes se pretenden democráticos, pero no lo son en la práctica.

Desde el fondo de nuestra historia se ha venido tejiendo la tri etnicidad, esta mezcla de blancos poderosos herederos de España, de indígenas sometidos y expoliados inclusive de sus territorios y de negros que llegaron como esclavos. Hay quienes interpretan que la problemática contemporánea y también la de los siglos XIX y XX en Colombia es producto de la poca armonía entre etnias. del racismo, de un mestizaje donde hay mucha gente subyugada...

En realidad en la historia ese diálogo étnico nunca se dio. En 1992 cuando se conmemoró el quinto centenario del descubrimiento y de la conquista, se hablaba mucho del encuentro de los mundos, pero no hubo tal encuentro. No sólo fue un choque sino una conquista brutal, una conquista salvaje, una negación absoluta de la cultura de los otros, de las lenguas de los otros, de la dignidad de los otros¿

De la estética, inclusive...

Por supuesto, y creo que la estética ha sido un factor de dominación y de exclusión en un país como Colombia, donde lo bello y lo feo tienen una característica étnica-cultural demasiado evidente. De manera que desde el origen se dio esa dificultad de diálogo. Ahora, asumamos que no era fácil, asumamos que en el siglo XVI no existía ni la antropología moderna, ni el discurso de la pluralidad. Algunos esfuerzos fueron muy valiosos.

He dedicado muchos años de mi vida a tratar de valorar el esfuerzo de los cronistas, porque detrás de esos conquistadores brutales que pasaban arrasando con todo y practicando el raponazo inventado por ellos, detrás de esa horda de aniquiladores y de genocidas, los cronistas tuvieron la sensibilidad de mirar este mundo americano, de mirarlo con asombro, con respeto, con amor. A veces dicen: no podemos juzgar a los conquistadores desde el pensamiento del siglo XX, pero es que las cosas que ellos hacían ya estaban prohibidas por los mandamientos de Moisés desde hacía mucho tiempo. Y solo algunos representantes de la iglesia, si tuvieron la conciencia de denunciar como: Bartolomé de las Casas, mucho de los horrores que se vivían

Y de alguna manera se ganaron a los indios que sintieron que en medio del horror la protección de la iglesia¿

Y también tuvieron la clarividencia comprender que la lengua española, siendo tan rica, siendo tan madura, que estaba a orillas de escribir el Quijote, enmudecía ante América, porque venía de una tierra muy distinta. Basta visitar España para ver que son regiones tan distintas, que no se puede nombrar a América con la lengua que llega de España en el siglo XV, no tienen palabras para los árboles, para los pájaros, para los climas, para los pueblos nativos, para sus costumbres, y estos cronistas, estos poetas, hicieron lo único que se podía hacer: tomar prestadas palabras de las lenguas indígenas del Caribe y de los Andes para llamar todo lo que no tenía nombre en castellano, que era muchísimo, y así empezaron a entrar las iguanas, las canoas y las hamacas, y los tiburones al cuerpo de la lengua y ahora, nosotros ni siquiera somos conscientes de que todas esas palabras vienen del taíno y vienen de las lenguas aztecas. Así comenzó el mestizaje de la lengua y un poquito ese diálogo, falta mucho, pero el diálogo comenzó y comenzó gracias, yo creo, sobre todo a la literatura.

De los años 60 a los 80, la mirada sobre el indígena cambió en Colombia. Ya no se trataba de manera peyorativa al indígena, se reconoció su cultura, la constitución del 91 puso en valor la cultura y la sociedad indígena, hubo un cambio importante. Pero en los últimos años y con la extrema derecha del uribismo, se ha vuelto a utilizar el término de "este indio" en un sentido peyorativo. Los sectores poderosos de la sociedad han retomado una cosa que la cultura colombiana había empezado a vetar...

Creo que en realidad nunca se dio una aproximación muy profunda al mundo indígena. Lo hicieron algunos especialistas desde la antropología, pero ese discurso de los antropólogos no es un discurso que tenga interiorizado el común de la población colombiana. Las investigaciones de toda índole que tantos etnólogos y tantos antropólogos hicieron sobre este mundo no forman parte del imaginario de la gente.

Pero se ha dado una cierta identidad con lo indígena que produce un encanto digamos¿ ideológico.

Estamos en la fase decorativa, pero todavía no es la fase profunda de entrar en diálogo. Cuando unas culturas han vivido en un territorio durante 20 mil años tienen que haber acumulado una cantidad de conocimientos y de sabidurías en sus mitos, en sus lenguas, en su relación con el mundo, que no pueden ser borrados de un plumazo. En Colombia cada vez que se desborda el río Magdalena arrasa con unas aldeas, y si cada vez que llueve se caen unas carreteras, y si cada vez que hace sol llega la sequía, es porque no hemos aprendido a vivir en un territorio en el que los indígenas ya conocían las leyes de los climas, de las inundaciones, de las lluvias.

Entonces, tenemos que entrar en dialogo con ese saber profundo, el ejemplo nos lo dan, para nuestra desgracia, las empresas farmacéuticas alemanas y norteamericanas que andan persiguiendo chamanes amazónicos porque saben que ellos son dueños del conocimiento profundo y ancestral de para qué sirve esta planta y esta otra. Toda la farmacia occidental, con la que nos aliviamos, nace de las 10 mil plantas que Europa ha estudiado de su propia naturaleza. En América hay 100 mil plantas. Tenemos toda la farmacia del futuro. Ya lo sabía Bolívar hace dos siglos y lo llegó a decir expresamente. Por ello, es absolutamente necesario dialogar con el pasado indígena, con los mitos indígenas. Esa no es una concepción generosa que se le hace a unas etnias, no es un devaneo democrático, es una necesidad vital

No puede ser un divertimento proteccionista...

Es una necesidad vital de una sociedad que necesita conocerse a sí misma, conocer su naturaleza y, bueno, mirar el futuro, porque es que mirar a los indígenas es mirar el futuro, es reconciliarnos con un territorio en el que podemos construir.

Hubo la Colonia y el neocolonialismo gringo. Pero Colombia es una colonia independiente teóricamente, pero hay una condición poscolonial como la que puede haber, por ejemplo, en la relaciones entre los países árabes y africanos y los países europeos que los colonizaron...

No nos atrevemos a sentirnos iguales. Nos parece que los Estados Unidos son un templo. Una vez anduve con uno político colombiano por Chicago, y miraba esos rascacielos, y él decía que "esto sí es mundo, esto sí es maravilloso". Y yo tenía ganas de decirle, sí, lo que pasa es que en los cimientos de esos rascacielos está la democracia. Si nosotros tuviéramos democracia en Colombia, seriamos capaces de hacer grandes cosas y de mirar al mundo de igual a igual como tiene que ser, por pequeño o grande que sea un país si tiene dignidad, mirar al mundo de igual a igual. Si no la tiene, se dedica a ser servil y obsecuente, se dedica ofrecerle los servicios a otro porque no acaba de sentir que él pueda sentir esa dignidad.

Pero lo post colonial no solamente funciona con respecto al norte y a Europa sino internamente. Las relaciones de clase y las relaciones de trabajo todavía tienen una carga colonial gigantesca en este país...

Hay valores en Colombia totalmente medievales. Aquí se piensa que si alguien trabaja para uno es inferior a uno, que si alguien hace trabajo material es inferior al que hace trabajo de llamar por teléfono. En eso no estamos ni siquiera a la altura de Estados Unidos, donde si algo se respeta es el trabajo material, y donde si algo vale es el trabajo como tal, y donde de todas maneras hay una base de respeto a los méritos de las personas y no a su prosapia o a su apellido o a la clase social a la que pertenece.

Y ¿por qué, históricamente se produjo eso?. ¿Qué se olvidó en el sentido de la memoria para que se repitiera incondicionalmente un esquema de cuatro, cinco siglos atrás...?

Era más difícil en América Latina que en América del Norte construir una democracia, porque acá había muchas más estratificaciones. Al fin y al cabo en Norteamérica arrasaron con las comunidades indígenas, no se dio un mestizaje, y los negros eran esclavos y eso era una categoría. Entonces, había ciudadanos libres que eran los europeos, y esclavos. Esa fue la principal dificultad de la democracia en Estados Unidos. Entre nosotros había señores, había criollos, había peninsulares, había indígenas, había mestizos, había zambos, había esclavos. Ya Humboldt cuando pasó por aquí a comienzos del siglo XIX dijo que había la colonia española estaba dejando tantas estratificaciones en América Latina que iba a hacer muy difícil que estos pueblos aprendieran a verse como conciudadanos. La verdad es que después de la independencia la legislación española siguió vigente, y bueno, el orden mental no cambia por decreto, eso requiere unos procesos culturales que aquí no se asumieron jamás, y nuestros países gradualmente fueron intentando establecer otro tipo de equilibrio social. México hizo la reforma en la segunda mitad del siglo XIX, y las reformas liberales fueron las que mejor ayudaron a aclimatar unos niveles un poco más avanzados de convivencia...

Supuestamente esas reformas liberales pusieron de alguna manera a Colombia en el siglo XX y permitieron el desarrollo de una cierta equidad social. Pero con Uribe hemos retrocedido en estos últimos años. Socialmente el país vive un regreso a un atraso aun peor, volvimos al final de esa época de las reformas liberales y quizás un poco más atrás...

Ni siquiera estoy seguro de que en Colombia verdaderamente hayan triunfado las reformas liberales. La mayor parte de los países vecinos de Colombia llegaron a tener muchos más avances liberales. Una prueba elemental: aquí la gente que quería casarse por lo civil o se iba para Venezuela o se iba para Panamá o Ecuador, porque todos esos países tenían legislaciones más avanzadas en términos de reformas liberales. En Colombia seguimos siendo un país profundamente anclado en las estratificaciones coloniales a pesar del decorado de la modernidad. Y la prueba de que aquí no llega la modernidad, sino el decorado de la modernidad, es que llegan los carros pero no llegan las carreteras.

Y lo que hay hoy en Colombia como régimen, ¿qué es entonces?

Lo que hay hoy es una combinación muy compleja de costumbres muy arcaicas, de privilegios muy arcaicos, de guerras medievales y un barniz de modernidad, pero la modernidad mental no existe: Basta ver los debates nacionales. ¿Dónde está Colombia discutiendo sobre los grandes temas de la época, sobre el agua, sobre la energía, sobre las migraciones, sobre la pobreza, sobre la violencia? Aquí todas las discusiones son: a quién meto a la cárcel, quién mató a este, dónde desenterramos esta fosa común, estamos atrapados en una guerra, en unas costumbres que son de la Edad Media. Si queremos ver a Colombia hoy es la misma de la de las guerras religiosas de mediados de los tiempos pre renacentistas, la misma de la inquisición. Vemos una época en la que todo es conflicto de todos contra todos, y no hay la posibilidad de actividad común, de proyectos grandes que puedan modernizar al país. Nos decían que un presidente no duraba sino cuatro años y que en ese tiempo no se alcanzaban a hacer las reformas que el país necesita. Ahora ya llevamos un presidente que ya lleva ocho y que va para doce, pero la red de vías está como la veía yo en los años 50.

Debate viejo y casi un lugar común: ¿cuáles son las causas históricas de la guerra? ¿La etnicidad, es decir el problema de las confrontaciones étnicas y culturales? La geografía misma o nuestra propia historia ¿Por qué nos matamos?

Dicen que en los tiempos coloniales estas tierras eran muy pacificas y lo atestiguo Humboldt quien recorrió buena parte del territorio y el único problema serio que tuvo de seguridad fue que un loco los atacó a él y a Bonpland por allá cerca de Cartagena con un garrote y alcanzó a darles un golpe. La pregunta es: ¿por qué en los tiempos coloniales había esa suerte de paz social cuando todos sabíamos que había opresión, que había tiranía de los peninsulares? Yo diría que la razón es que verdaderamente lo que produce violencia no es la pobreza, sino la incongruencia entre lo que se dice y lo que se hace.

La retórica...

A partir de la independencia aquí nos dijeron que esto era una democracia, que todos éramos iguales ante la ley, que aquí no había aristócratas ni gente del común, que aquí no había gente de sangre azul y otra de sangre roja y otra de sangre negra. Y eso solamente existe en las leyes, solamente existe en el discurso, pero en la realidad, aquí lo que hay es obstáculos y además nos gastamos toda la plata en guerra y nada en educación, eso es el problema de Colombia.

Pero no será eso la herencia de Francisco de Paula Santander, la falsa necesidad de ir creando y creando situaciones del estado, leyes y leyes que se van modificando, que nunca perduran para enredarle la vida al ciudadano.

Yo sí creo. Los colombianos tenemos que pedir permiso para respirar, todo es una dificultad enorme, sobre todo las cosas que configuran como la felicidad de vivir. Necesitamos básicamente un país de oportunidades, no hay otra manera de resolver el problema de la guerra, no hay otra manera de resolver el problema del narcotráfico. Hay muchos países que tienen pobreza y que tienen marginalidad, pero le dan un poquito más de oportunidades a la gente y el narcotráfico no se desarrolla como aquí. En Colombia si alguien quiere ser rico tiene que tomar la precaución de nacer rico...

No hay movilidad social

Ni existe aquí el enriquecimiento lícito. Cuando se ha oído hablar de eso. La gente se dedica al enriquecimiento ilícito porque quiere ser rica y no hay por los caminos de la legalidad la posibilidad de acceder a esas riquezas.

La manera de ganar dinero en Colombia, históricamente ha sido el contrabando. Primero el oro, las esmeraldas, el cacao, la marihuana, la cocaína...

¿Y qué es el contrabando sino el recurso de los que no tienen la posibilidad de negociar lícitamente? Si un país como Colombia vive durante un siglo del café, y de repente se rompe el pacto cafetero y no ha habido ni diversificación de cultivos, ni oportunidades para otros sectores sociales y se abren las oportunidades de venderles cocaína a unas sociedades industrializadas ávidas de drogarse, por supuesto que hay un problema moral allí, pero más allá del problema moral hay un problema social y un problema económico evidente y eso solo se resuelve con oportunidades. Que la gente sea igual ante la ley, que los privilegios no lo sean todo, que no solo el que tiene mucha riqueza pueda ser atendido por los médicos, pueda entrar a la universidad. >¿La única manera de implementar el proceso alquímico para que el plomo se transforme en oro en Colombia es simplemente ejercer el derecho a la democracia, y construirla?

Si. Colombia además es un país muy recursivo, porque como la mayor parte de los colombianos hemos crecido en el desamparo, cada ciudadano crece solo y tiene que arreglárselas como pueda para salir adelante.

De ahí el egoísmo y el individualismo, el de ver al prójimo como enemigo...

Se produce un doble efecto, el colombiano es muy egoísta, muy competitivo...

No funciona muy bien colectivamente

Pero es también muy recursivo, y es porque le ha tocado, eso no es ni siquiera un defecto moral...

Ni es una virtud tampoco...

No ha habido otra manera. Si se abrieran un poco las oportunidades, Colombia vería que con esa recursividad humana que tiene, con esa laboriosidad, saldríamos adelante. Aquí la gente trabaja, pero trabaja y además inventa, imagina, crea, y si este país se sostiene, es exclusivamente por el talento de la gente

Sobre todo de las mujeres que sostienen los hogares...

Son las instituciones las que no se sostienen aquí.

Las mujeres que son las que están sosteniendo la sociedad colombiana, después de todo el golpe ético del narcotráfico y demás...

Y los trabajadores y los emigrantes que envían divisas, porque Colombia es un país que expulsa su gente y vive de ella y no le agradece.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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