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Contra "la historia oficial" del fútbol chileno

Reproducción
Foto de archivo de la selección chilena de fútbol que terminó tercera en el Mundial de su país.

Felipe Bianchi Leiton
Santiago, Chile

Todo depende de dónde esté uno parado. Del cristal con que se miren las cosas. Del lado de la vereda en que te encuentre el temporal. Por ejemplo, para nosotros los chilenos no hubo mejor Mundial que el de 1962. Pero cuando uno viaja y habla con periodistas de otra partes y lee artículos y libros hechos en otros continentes, se da cuenta que, afuera, para muchos, el nuestro fue el peor Mundial de todos los tiempos. Así de claro y así de duro.

Un mundial con extremada violencia en la cancha. En primera ronda, Chile-Italia, Yugoslavia-URSS, Alemania-Italia, Argentina-Bulgaria, terminaron con escándalo, con heridos graves, con fracturados y golpeados. A tal punto que hicieron que la FIFA realizara la segunda semana de competencia una reunión -oficial- para analizar... ¡el fin anticipado del torneo¡ Y no se llegó a eso sólo por un asunto económico, aunque quedaron de tratar el tema apenas volvieran de "la locura de Chile". ¿Usted lo supo? No. Casi nunca se escribió. Hasta ahora, debiera decir, cuando el escritor y periodista Tito Matamala acaba de terminar un estupendo libro donde se desnudan algunas verdades de "nuestro Mundial".

De partida, todos los cronistas de la época concuerdan en que fue un mundial muy feo, pese a contar con la mayor reunión de estrellas de todos los tiempos jugando al mismo tiempo. El drama es que decepcionaron a coro. Ni Di Stéfano, ni Pelé, ni Puskas, ni Bobby Charlton, ni Sívori, ni Didí, ni Yashin, ni el uruguayo Cubilla tuvieron un buen torneo. ¿Pelé y Di Stéfano, los dos mejores de todos los tiempos juntos en un Mundial y no pasó nada? Correcto: nada.

¿Otras cosas malas? Muchas. Estadios vacíos en Arica, en Rancagua, en Viña del Mar y la semifinal con menos gente jugada en la historia de los campeonatos mundiales: Yugoslavia-Checoslovaquia, disputada en Sausalito ante... 5.890 espectadores. No es chiste. Tal cual: menos de seis mil personas. Vergonzoso. Patético. Ocurrió en Chile. Aunque seguramente usted no lo sabía porque es parte de la historia convenientemente "olvidada".

¿Y la asistencia de turistas? Escasísima. Se esperaban 50 mil y llegaron... ocho mil. Y agréguele otros "detallitos". Arbitrajes muy dudosos, partiendo por Chile-Italia, un robo a mano armada a los italianos, que se portaron mal, pero no tan mal como los chilenos (nadie entiende, hasta ahora, como siguió jugando Leonel Sánchez tras quebrarle la nariz a Maschio y boxear a David ante la vista y paciencia del árbitro). O el Brasil-España, jugado en Viña, que aún se comenta en tierras peninsulares: el árbitro, el chileno Sergio Bustamante, según muchos, estaba más arreglado que caballo de Cuasimodo y, lejos de impartir justicia, impartió sólo beneficios para los brasileños, quienes pagaron en dólares.

También hubo decisiones insólitas, como que Chile jugara en Santiago la semifinal cuando, en rigor, le tocaba en Viña del Mar según el fixture (el que ganaba en Arica iba a Viña, contra Brasil, pero lo cambiaron a la fuerza) o que no fuera suspendido para la final Garrincha pese a que había sido expulsado... ¡en el partido anterior! Y fue así, sin arrugarse, sin explicaciones. ¿No le gusta? Vaya a alegarle a la FIFA.

La mala organización, más allá de múltiples detalles pequeños, quedó refrendada en las huelgas de médicos, choferes de locomoción colectiva y trabajadores de la Braden Company a una semana del comienzo del torneo o la pérdida -sí, la perdida- de la pelota oficial justo el día de la partida, lo que hizo que para la inauguración -Chile-Suiza- se jugara, por largos minutos, con una pelota "trucha". Agréguele el famoso quiltro en la cancha, una especialidad de la casa que hizo suspender partidos (Brasil-Inglaterra en Viña, por dar sólo un ejemplo) por más de cinco minutos.

También hubo, cómo no, estafas brutales, malversaciones feroces, como la de la empresa de viajes Exprinter, que estuvo a cargo de la venta de abonos en el extranjero y terminó con tal cantidad de escándalos a cuestas que fue demanda por la FIFA y por el gobierno de Chile en tribunales, amén de las demandas personales de muchos turistas que fueron birlados sin pudor alguno (y ojo que eran años en los que el pudor existía).

Fueron muchas cosas. y ninguna se comentó ni se comenta en Chile. Nos quedamos con la mirada "local" y patriótica: un torneo magnífico, bien organizado, bien jugado y sin mayores problemas... Salvo los que crearon los "mal educados" italianos. La versión oficial. Salvo que uno viaje por el mundo y lea en otros idiomas, un pequeño detalle que normalmente olvidan los constructores de las verdades a medias. La ultima: para los extranjeros, el goleador del mundial de 1962, con cinco tantos, fue el yugoslavo Yerkovic: tres a Colombia, uno a Uruguay, uno a Checoslovaquia. Nosotros, en cambio, siempre creímos que fue Leonel Sánchez y otros cinco más. Garrincha entre ellos, todos con cuatro anotaciones. Las pinzas.

La FIFA corrigió el error en 1998, tras un reclamo oficial de la Federación Yugoslava a Zurich... ocho años antes, quitándole oficialmente a Leonel un honor que nunca tuvo realmente. Pero si uno revisa diarios y revistas de la época, en Europa nunca, jamás, se dudó de que el único goleador del torneo había sido Yerkovic. A nosotros nos vendieron la pomada. Más bien, nos vendimos la pomada. Autogol de media cancha.

Al cierre: Lev Yashin, la famosa "araña negra", nunca se llamó así. En el resto del mundo se le conoce como "la pantera negra" desde que los ingleses lo bautizaron así tras ganar, en 1956, la medalla de oro para su país en los Juegos Olímpicos. Pero acá tradujeron mal y Yashin quedó para siempre como araña. Digo, para que no vaya a hacer el ridículo cuando hable de fútbol con un extranjero ("¿what spider?").

Esas eran épocas de back, centro half, goalkeeper, insider y aleros. Pero el tema de fondo no ha cambiado mucho. Las "verdades convenientes" o las miradas "patrióticas" se han venido repitiendo, una tras otra, en esta linda comarca con el paso de los años. Que a Colo Colo le robaron la Copa Libertadores del 73. Pamplinas. No supo ganar en Santiago a Independiente (0-0) y punto. En Argentina empató (¿eso es arreglar un partido para el local?) y en la definición en Montevideo lo mataron... sus propios errores. La expulsión ajustada al reglamento de Leonel Herrera, la salida displicente de Galindo que costó el gol del título, la falta de peso ofensivo.

¿Colo Colo 1991 el mejor equipo de América? Más que dudoso. En el exterior recuerdan más a ese plantel porque nunca ganó fuera de casa, por lo fácil de su camino (jugó con peruanos, ecuatorianos, uruguayos, paraguayos) y porque le ganó a Boca en un partido que aún es considerado como un robo escandaloso en Buenos Aires... y en toda América. De hecho, hay revistas que ponen a los albos como uno de los tres peores equipos que han sido campeones de la Copa en toda su historia. Terminado el torneo, Colo Colo no vendió a un solo jugador al extranjero (ninguno, lo que es raro y decidor), y al medirse con europeos fue boleteado sin misericordia (1-6 con el Real Madrid y 1-4 con el Estrella Roja).

Pasó con la Sub 20 en Canadá: para nosotros los "pobres niños" no hicieron nada y para el resto del mundo se trató de una triopa de desagradables delincuentes justamente tratada por la policía canadiense. Y para qué recordar el maracanazo de Rojas, donde sólo nosotros no vimos, durante mucho tiempo, el peso de la escandalosa verdad.

Obviamente hay matices, y lo que quiero decir es justamente eso: ojo con ellos, porque seguramente la historia real es una mezcla de lo que escuchamos, leemos y vemos en Chile con los mismos temas pasados por el tamiz de un extranjero. No hay tragarse la historia patriótica de buenas a primeras. No hay que escuchar el discurso chileno como si fuera el único discurso. Lo recomiendo especialmente ahora, cuando para muchos chilenos el trabajo de Marcelo Bielsa es más o menos nomás y no está cambiando nada... mientras el resto del mundo ya nos pone -y lo pone- como ejemplo de cambios profundos en países subdesarrollados en materia futbolística. No hace mal, de vez en cuando, leer diarios brasileños, argentinos, españoles, italianos y hasta ingleses.

» Hable con Felipe Bianchi Leiton

Felipe Eugenio Bianchi Leiton es un periodista, presentador de televisión y comentarista deportivo chileno. En 2006 ganó el Premio Nacional de Periodismo Deportivo.

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