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"Comemos tres veces por día y prácticamente no sabemos nada de los alimentos que nos llevamos a la boca", dice Robert Kenner, director de Food Inc.
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Pablo Calvi
Nueva York, Estados Unidos
En 2007, de acuerdo con datos del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades, más de 5.000 personas murieron en los Estados Unidos a causa de enfermedades relacionadas con los alimentos. Casi 76 millones de infecciones se registraron además como consecuencia de virus alimentarios como los de la escherichia coli o la salmonela, lo que redundó además en casi medio millón de hospitalizaciones.
De acuerdo con el director y activista Robert Kenner, quien acaba de estrenar su escalofriante documental "Food Inc.", una mirada demoledora sobre la industria alimentaria americana, en tanto no se genere un cambio profundo en modo en que el complejo agroindustrial americano cría y siembra lo que comemos, la cuenta de víctimas seguirá creciendo hasta desbordar por completo al sistema de salud.
"Food Inc." fue coproducida por Eric Schlosser, autor de "Fast Food Nation", el bestseller que hirió de muerte a la cultura de la comida rápida en los Estados Unidos, e incluye testimonios tanto de Schlosser como de Michael Pollan ("The Omnivore's Dilemma: A Natural History of Four Meals") y una treintena de productores agrícolas, de alimentos de granja y criadores de ganado, independientes o al servicio de grandes corporaciones industriales como Cargill y Monsanto, que declinaron ser entrevistadas para el documental.
En charla exclusiva con Terra Magazine, Kenner habla de su película, de la industria alimentaria y del modo en que podemos revertir una tendencia nefasta que comenzó casi medio siglo atrás, a principios de los años sesenta.
¿Por qué se decidió a exponer esta historia?
Pues, realmente en su momento no sabía ni siquiera que estaba exponiendo algo tan oculto. Creía que con el documental iba a crear un diálogo entre las empresas y los consumidores sobre cómo se produce y de dónde viene nuestra comida. Comemos tres veces por día y prácticamente no sabemos nada de los alimentos que nos llevamos a la boca.
El otro tema que me preocupaba es que el precio de los alimentos ha tocado un piso histórico. Pero la comida barata nos llega a un costo relativamente alto si consideramos los problemas de salud que nos está generando consumir este tipo de alimentos. En este punto pensé en charlar con los productores, desde los granjeros hasta las corporaciones agro alimenticias. Desafortunadamente las corporaciones, Monsanto, Cargill y otras decidieron no participar del documental. No sólo se opusieron a mostrar cómo producen nuestra comida sino que declinaron incluso ofrecer su punto de vista sobre el tema. Con el tiempo, claro, me di cuenta de que estas empresas multibillonarias tienen un interés activo en que los consumidores no pensemos para nada en nuestra comida. Se preocupan por mantener la ilusión de que lo que producen viene del campo, o de granjas, de graneros, como muestran casi sin excepción es su empaquetamiento. Pero no es así. Hasta la carne sale de enormes complejos fabriles, sucios y gigantescos.
Como decimos al comienzo del documental, basta mirar alrededor en una isla de cualquier supermercado para ver granjas y huertas, un ambiente bucólico que en nada se parece a las grandes factorías altamente contaminantes y contaminadas en donde se manufactura lo que comemos.
De hecho, lo que originariamente era carne o trigo ha sido fundamentalmente convertido en otro tipo de comida sin que los consumidores nos diésemos cuenta. El pan se hace ya no con trigo, sino con algo similar, una especie de "trigo conceptual". Las empresas dicen que es la misma comida, pero no lo es. La carne tiene un color rojo intenso, lo mismo que los tomates, que no tienen casi magulladuras, pero en definitiva tampoco tienen sabor o valor nutricional alguno. Esto sumado a un nivel de crueldad lamentable para con los animales que forman parte de nuestra dieta.
¿Cree que esta crueldad es una parte inherente y necesaria del complejo agro industrial y del modo de producir alimentos, o es algo que puede y debe ser evitado?
Lo que es claro es que estas compañías no sólo denigran a los animales. También deshumanizan a los trabajadores, destruyen la tierra y contaminan el agua. Y, en definitiva, producen alimentos que no son buenos para los consumidores y generan una enorme cantidad de enfermedades.
Como ejemplo, Kenner toma en su film la historia de Kevin Kowalcyk, un saludable niño de dos años y medio que murió 12 días después de comer una hamburguesa contaminada con el virus de la escherichia coli.
Sabe, cuando pensaba en el elevado costo de la comida barata no tenía una real dimensión de cuán elevado es el costo social. Este tipo de comida va a llevar al sistema de salud a la bancarrota. Uno de cada tres estadounidenses contrae diabetes temprana, y la cifra es mayor entre afroamericanos y latinos. La industria de los alimentos con sus enormes factorías va a terminar por destruir el medioambiente. Ya no es posible mantener políticas de protección de la tierra al tiempo que contaminamos todo con desperdicios químicos. Creo que nuestro rol debe apuntar a cambiar todo esto.
Del mismo modo que la industria del tabaco, que era apoyada por corporaciones con una tremenda cantidad de dinero y conexiones con el gobierno, el sector de agronegocios difunde información completamente engañosa. En su momento los consumidores lograron torcerle el brazo a la industria del tabaco y creo que hay grandes posibilidades de que también le podamos ganar la pulseada a las gigantes alimentarias. Hay un movimiento alrededor del mundo en pro de una comida más sana. Yo creo que está encaminado en la dirección correcta.
Muchos países del tercer mundo, productores de alimentos, están en contra de los subsidios que se le da en Estados Unidos a varias industrias alimentarias. Y según muestra su documental, los subsidios al maíz han disparado las manufacturas de subproductos que, como el jarabe de maíz, son altamente nocivos para la salud a largo plazo pero que se utilizan prácticamente en todos los alimentos y bebidas. ¿Cree que la eliminación de este tipo de subsidios sería beneficiosa para los países de América Latina y para los estadounidenses al mismo tiempo?
Creo que sin dudas estamos subsidiando un sistema que nos enferma. Muchos se preguntan si la comida orgánica es elitista dado que justamente la gente de menores ingresos no puede acceder a este tipo de productos. Mi respuesta es: lo que es elitista es tener un sistema que subsidia alimentos que nos enferman y pone a cientos de miles, tal vez millones de pequeños productores, fuera del mercado. Lo curioso es que la misma industria que enferma a los estadounidenses es la que empobrece y genera hambrunas en el resto del mundo, pues ese es el efecto de nuestros subsidios al maíz y a la soja.
En ese sentido, los Estados Unidos ya mismo deberían poner en práctica una legislación clara y beneficiosa para controlar la producción de alimentos y no lo que tenemos hasta ahora, que es una ley para beneficiar a las corporaciones agrarias.
¿Cree, en este sentido, que el problema reside principalmente en el modo en que se producen los alimentos aquí en los Estados Unidos?
Es curioso que lo mencione. Cuando mostramos el film en Europa la gente nos preguntaba si esto sucede exclusivamente en América. Y la verdad es que no. Esta comida, los suplementos para carne, los pollos atestados con hormonas para el crecimiento, las vacas alimentadas a base de maíz -más barato que las pasturas pero que expone al ganado a un sinnúmero de enfermedades muy peligrosas- son algo que se impone alrededor del mundo, desde Rumania hasta México. En última instancia creo que vamos a tener que luchar contra todo esto primero en los Estados Unidos, luego en el resto del mundo y de un modo más preocupante en China en donde el objetivo es producir los alimentos más baratos posibles a expensas de los trabajadores, los animales, la tierra y nosotros los consumidores.
Muchas corporaciones estadounidenses como McDonald's, sin embargo, impulsan estos modos de producción homogéneos a nivel mundial en búsqueda de un sabor uniforme en sus productos. ¿Cree que estas cadenas de restaurantes tienen algún peso a la hora de exportar estos modos de producción alimentaria?
Sin dudas. McDonald's tiene un slogan: "un solo sabor en todo el mundo". Y si lo piensa es un slogan que asusta un poco. Sobre todo si es "un sabor" que debe ser producido de modo no saludable para los consumidores.
¿Ha sido contactado por alguna de las agencias del gobierno luego de mostrar el film?
De hecho fuimos invitados por el Secretario de Agricultura Tom Vilsack y gente de la FDA (Food and Drugs Administration) y el USDA (United States Department of Agriculture). Y tuvimos un intercambio muy productivo. Durante la reunión Vilsack nos dijo que necesita un movimiento de base para impulsar este tipo de reformas y para promover la creación de las leyes necesarias. Y tiene razón: la gente tiene la posibilidad de votar tres veces al día, una con cada comida. Por eso hay que tratar de ser más concientes de lo que comemos. Comprar alimentos producidos localmente, tratar de comprar menos comida procesada, intentar comprar comida orgánica. De este modo vamos a empujar a los productores en la dirección correcta.
Por eso en mi film intento mostrar cuán importante es que Walmart, la mayor cadena de supermercados en el mundo entero, haya dejado de comprar productos lácteos con rBST, una hormona de crecimiento que puede ser peligrosa para el consumo humano, pero que todavía se encuentra casi comúnmente en la leche producida en otros países. De hecho, luego del documental y de que Walmart decidiese tomar distancia de estos productos, la multinacional de alimentos Monsanto vendió una de sus empresas, la que se encargaba de producir rBST.
Uno de los temas del documental es el modo en el que estas corporaciones intentan ocultar algunos datos casi truculentos, como el modo en el que se cría pollos, o ganado, o el uso animales clonados en la industria de la carne. ¿No le llamó la atención que tanto de todo esto no hubiese sido tratado por la prensa?
Sí, pero no hay que olvidarse de que las alimentarias son corporaciones muy poderosas. Le doy un ejemplo, hasta el documental yo no tenía idea de que parte de la carne que producen estas empresas proviene de animales clonados. Tampoco sabía, ni imaginaba, que existe una industria de la carne clonada. El hecho de que durante la audiencia que filmamos entre un grupo de diputados y los abogados de la industria de la carne, uno de los representantes de esta industria dijera que sería demasiado confuso para los consumidores etiquetar la carne proveniente de animales clonados... pues eso me demostró que esta gente es capaz de hacer cualquier cosa con tal de evitar que los consumidores tengan información a su disposición. No quieren que sepamos qué hay en los alimentos que producen. Ni siquiera quieren que hablemos del tema. Yo creo que a esta altura esto ya no es más una historia sobre alimentos sino una historia sobre libertad de información.
¿Cuál es el rol de las agencias como la FDA y la USDA, o el rol del gobierno en todo esto?
Bueno, el hecho es que estas corporaciones se han vuelto mucho más poderosas que el gobierno mismo. Han creado su propio poder.
¿Cree que la administración de Obama va a cambiar en algo las regulaciones, o va a imponer nuevos estándares para la producción de alimentos?
De hecho, con nosotros la gente de Obama se ha mostrado más receptiva que el gobierno anterior. Y el hecho de que la primera dama haya montado un jardín con verduras en la Casa Blanca, más allá de que lo use o no, habla de un cierto compromiso con la nueva tendencia hacia lo orgánico y lo local. Quizás cuando llegó al poder Obama no estaba demasiado preocupado por el tema alimentario pues había demasiados problemas más inminentes para resolver. Pero el colapso de la salud pública y las epidemias de obesidad y de diabetes lo han hecho darse cuenta de que no se puede solucionar el tema de la salud si no se resuelve antes el problema de los alimentos.
La industria de los alimentos estadounidense es sin dudas la principal responsable por la epidemia de obesidad en el país. Y como demostramos en el film, los productos químicos que utilizan contaminan el ambiente, la tierra y el agua. No se puede ser ambientalista sin mirar este problema a fondo. Ni tampoco se puede decir estar a favor de los derechos de los trabajadores si no se revisa a fondo lo que ocurre con esta industria que contrata ilegales para violar hasta los derechos humanos más básicos como el de la seguridad en el trabajo. Y esto también se ve en el documental.
Pero para eso necesitamos un movimiento social, y por eso mismo tenemos que mostrar claramente lo que ocurre y estar a la vanguardia de este movimiento.
¿Cree que los movimientos de comida orgánica y comida local permitirán producir comida saludable a una escala suficiente como para abastecer a la población mundial?
Eric Schlosser (autor de "Fast Food Nation") cree que sí. Pero yo no estoy cien por ciento seguro. Lo que sí sé es que hoy por hoy no estamos alimentando al mundo entero, por un lado. Y por otro, sé que el sistema que tenemos no es sostenible. No se puede seguir adelante con este sistema del modo en el que funciona. Creo que tenemos que alentar a los pequeños productores de alimentos saludables y con suerte podremos mejorar el sistema a mayor escala. Este modelo de agro negocios no tiene más de cincuenta años de antigüedad, es relativamente reciente. Y es claro que no funciona. Podemos mejorarlo o desmantelarlo para volver atrás. Y en ese sentido yo soy bastante optimista.
Terra Magazine