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"Hace falta volver a la canción de protesta"

Reproducción
Jorge Coulon: "Se está viviendo una crisis que no sólo es económica, sino que tiene que ver con la manera en la que convivimos en el mundo. Y echo de menos eso en el arte en este momento".

Pablo Calvi
Nueva York, Estados Unidos

Medio en chiste, medio en serio, Jorge Coulon, líder de Inti-Illimani desde hace más de cuarenta años, compara la trayectoria de su mítica banda de rock fusión andino con la de los Rolling Stones. "Hay pocos conjuntos que, nacidos a fines de los años sesenta en América Latina, sigan tocando con la vitalidad con la que nosotros lo hacemos", dice. Y la realidad es que de algún extraño modo, este músico que abandonó su carrera de ingeniero para perseguir lo que él define como su "minuto de irresponsabilidad", tiene toda la razón.

Claro que Inti, que trabajó codo a codo con el gobierno de Salvador Allende hasta su asesinato, que se volvió junto a Violeta Parra y Víctor Jara un referente ineludible del movimiento de la nueva canción chilena durante los años setenta, y que cuenta en su repertorio con varias de las mayores joyas del cancionero de protesta latinoamericano como Vuelvo y Alturas, ha también cambiado junto con el continente.

"El arte no responde a las necesidades de uno", justifica Coulon desde su hotel en Nueva York, adonde llega para presentarse esta semana junto a su banda, y más tarde en un segundo show junto con la cantante canadiense Francesca Gagnon -la bella voz detrás de Alegría, el espectáculo de la compañía circense Cirque du Soleil. "Las expresiones aparecen cuando tienen que aparecer" insiste. "No es que yo me pongo a hacer canciones de protesta y ya, pero puede ser que el hecho de que yo sienta esa necesidad tenga que ver con lo que muchos otros músicos están sintiendo al mismo tiempo. Por eso, para mí lo importante es la gente. Yo creo que cuando la gente se mueve, se mueven los artistas. La gente es la que produce los cambios y el arte es una consecuencia de esos cambios".

Coulon explica de ese modo por qué desde principios de 2009, tras un maravilloso encuentro con Gagnon, Inti-Illimani adoptó el repertorio del espectáculo circense y emprendió junto a la artista canadiense una serie de conciertos que los llevarán este año por todo Estados Unidos, Europa y Asia.

De hecho, escuchar a Inti-Illimani tocar este nuevo cancionero resulta por momentos irreal. Y, desde ya, esa es parte de la idea.

¿Cómo comenzaron a ensayar con Francesca Gagnon?

Pues nosotros vimos Cirque du Soleil en Nueva York hace varios años y, como todo el mundo, quedamos sumamente impresionados sobre todo con la propuesta artística y estética, la gran revolución de un espectáculo del siglo pasado. Un par de años más tarde la conocimos a Francesca casualmente, pues vino a uno de nuestros. Y de ahí, del entusiasmo de la conversación, nació la idea de colaborar sin tener una idea clara de lo que queríamos hacer. Entonces, ella viajó a Chile un par de meses, en enero y febrero, y nos pusimos a trabajar en base a su repertorio de Alegría. Hicimos algunos conciertos allí y la cosa ha ido progresando musicalmente, aunque a mí siempre me cuesta mucho explicar la música.

¿Cuál fue, crees tú, el punto de contacto con este tipo de cancionero?

Creo que ha sido antes que nada una cuestión de sensibilidad estética. Luego aparecieron un montón de cosas más. Y Francesca además viene de Québec, y para nosotros hay un tema identitario, cultural, que hay que rescatar. Pero creo que el interés principal es la colaboración con un material de ella que nos gusta mucho.

Si no me equivoco, esta es una colaboración que poco tiene que ver con la historia Inti-Illimani, ¿no? Históricamente ustedes siempre se han asociado por causas y en una dirección mucho más política y militante.

Eso en parte es cierto. Pero no te olvides que colaboramos durante muchos años con John Williams y con Paco Peña, y el contacto ahí fue la guitarra, que es un núcleo tan importante de nuestra identidad. Y yo creo que en este caso lo que nos sedujo fue la voz de Francesca, la parte estética. Y hay además, si no una sensibilidad estrechamente política, quizás una sensibilidad humana que también nos acerca.

Hace cuarenta años que tocan y no parece haber habido alguien que tomara la posta del género que ustedes crearon. ¿Por qué crees que no hay demasiadas historias de éxito como la de ustedes en este tipo de género latinoamericano-andino y rock?

Creo que se dan varias cosas al mismo tiempo. Sí, hay bandas nuevas, claro, pero lo que es cierto es que no ha habido un fenómeno como el que se produjo con la nueva canción chilena en los años setenta. Además, creo que la generación nuestra es una generación pesada también. Es una generación complicada de destronar. Los Rolling Stones siguen tocando, los Beatles siguen siendo actualísimos. Toda la música de la época, el mismo Bob Dylan, sigue con mucha vigencia. Yo creo que nos tocó en suerte ser de esa generación. Y aunque yo trato y nosotros siempre hemos tratado de estimular el recambio, creo que los nuevos músicos tienen un peso bastante grande sobre sus espaldas. Nosotros tuvimos un minuto de irresponsabilidad fantástico.

¿Por qué lo llamas un "minuto de irresponsabilidad"?

Porque de alguna manera nos burlamos de la herencia que traíamos y hubo el espacio para que eso floreciera. Realmente ahora no es que los jóvenes sean menos creativos y menos rebeldes, pero tienen mucho menos espacio para expresarse creativamente.

También ha habido un viraje compositivo desde los ritmos de América Latina hacia los ritmos más anglo. Ahora, quizás, hay un nuevo intento de fusión entre algunos géneros latinos y el rock. Pero parece que esto se da en oleadas, ¿no?

Sí, es cierto lo que tú dices. Pero creo que quizás es natural que esto sea cíclico. Hoy, sin embargo, yo creo que hay un fermento interesante para estos tipos de fusión en diferentes países de América Latina. En Colombia, por ejemplo, o en Argentina hay intento bien claro por mezclar estos ritmos con el rock. En algún punto los Fabulosos Cadillacs o León Gieco han abierto muchas ventanas. En Chile hay todo un movimiento de cumbia chilena. No sé si has oído hablar de JuanaFe, que es cumbia rock, que no se parece en nada a la cumbia villera, por ejemplo, sino que tiene textos muy buenos, muy profundamente políticos y sumamente interesantes. Y además son muy buenos musicalmente. También recientemente comenzó un movimiento de cantautores en Chile, después de que Víctor Jara y Violeta Parra dejaran el desierto detrás de ellos.

¿Crees que en medio de tantas crisis se hace necesario volver a la música de protesta?

Mira, nosotros tenemos como dos carriles. Uno es nuestro repertorio y el otro es el trabajo que estamos haciendo con Francesca. Musicalmente se conectan, pero temáticamente no. Y como tú señalas, resulta curioso porque en nuestro repertorio algunos temas que en los 80s y los 90s parecían del pasado han cobrado una vigencia enorme. De hecho, estamos tocando algunos temas muy antiguos que tienen una vigencia total en Chile y en América Latina. Algunos, por ejemplo, son los temas del exilio, que hoy ya no es político, sino económico (aunque en el fondo también es político). Y desde el punto de vista del extrañamiento y de la experiencia humana, no creo que haya diferencia entre uno y otro. El año pasado con motivo de los 100 años del natalicio de Salvador Allende, por ejemplo, hicimos un recital en Santiago con 100 canciones. Y fue un concierto de ocho horas y media y nos dejó el repertorio bastante actualizado.

Pero para volver a la pregunta, mi sensación personal es que sí hace falta volver a la canción de protesta. Yo siento que hace falta un arte en general bastante más combativo con respecto a la realidad, pues se está viviendo una crisis que no sólo es económica, sino que tiene que ver con la manera en la que convivimos en el mundo. Y echo de menos eso en el arte en este momento.

Hay algunas imágenes, sobre todo en las últimas semanas, que se asemejan un poco a lo que ocurría en el continente hace treinta años. Pienso sobre todo en el tema de Honduras. ¿Te sentiste en la máquina del tiempo al enterarte del golpe?

La verdad es que yo creo que lo que es inaceptable en Honduras es que un par de milicos decida el destino de un país o ande buscando salidas a cualquier tipo de crisis. Y eso también explica el sentimiento que la gente tiene de decir basta con esta situación. Lo que ha tenido de valioso este episodio, sin embargo, es que la reacción de todo el mundo ha sido muy firme. Pero no hay que ser ingenuos. Hay que comprender que ahora tenemos una ola de progresismo, una alternativa opuesta a las que durante mucho tiempo nos llevaron a la miseria y a la opresión. Y ese progresismo, no hay que olvidarse, toca intereses que son enormes. Es claro que va haber reacciones, va a haber intentos de golpes y muchas más reacciones por parte de quienes se vean afectados. Por eso es importante que aprendamos a resolver nuestros conflictos en base al sistema democrático. Creo que esta ola progresista que hay en varios países es un gesto de confianza que la gente le ha dado a la izquierda. Pero la izquierda tiene que encontrar su camino, porque todavía no está muy claro qué es lo que queremos. Y creo que ese cambio hay que capitalizarlo también culturalmente.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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