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Las diferencias entre Ronaldo y el "Mago" Jorge Valdivia

AP
Ronaldo junto a su ex novia María Beatríz Anthony en el restorán Milano de Ipanema de Río de Janeiro.

Ximena Torres Cautivo
Santiago, Chile

En general, los hombres son incomprensibles, y en particular, francamente estúpidos, sino cómo se entiende que Ronaldo, "el fenómeno", después de pelearse con su espléndida novia Bia Anthony, haya partido en busca de jarana -prostitutas y drogas, según se dijo en un comienzo- con tan mal ojo que le tocó protagonizar su propio "juego de las lágrimas".

En lugar de una mujer desinteresada y cariñosa, Ronaldo se topó con tres chicas de la noche, incluido Andrés/Andrea, un trabajador sexual, desesperado y oportunista que lo dejó en evidencia como el patético que es. Pobre chico rico. Ya lo habíamos visto engordar como foca, separarse dos veces, lesionarse y decaer, para ahora verlo gimoteando en su mansión en una isla de Angra dos Reis, sin novia, reconociendo su estupidez y tratando de dejar bien clara su condición de macho ciento por ciento. "No hubo relaciones sexuales porque cuando vi que eran travestis retiré el equipo del campo", metaforizó, tratando de hacerse el chistoso. "Soy completamente heterosexual", declaró

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Finalmente, al menos en este punto, la suerte le sonrió, porque los travestidos, liderados por el poco agraciado Andrés/Andrea, reconocieron que no hubo sexo ni drogas, sólo la esperanza de que a punta de extorsionar a la famosa superestrella del futebol podrían dejar la calle y la prostitución. Hasta se emocionaron y emocionaron al comisario a cargo al confesar su culpa. Pobres chicos pobres.

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Volviendo a la estulticia de Ronaldo, y hablando en términos éticos, digamos que la homosexualidad no habría agravado la infidelidad. Él mismo, en un acto de lucidez, reconoció que su error habría sido igualmente condenable si las chicas hubieran sido chicas y no jureles tipo salmón, como resultaron ser. Claro, la traición habría sido menos espectacular, menos escandalosa, menos morbosa, pero traición igual.

¿Qué lleva a un tipo a buscar por fuera lo que tiene en casa? Esa es una pregunta de profundidades metafísicas que solemos plantearnos las mujeres en relación a los hombres, de la profesión que sean. Es como el "ser o no ser" de Hamlet, aunque en el caso de los futbolistas pueda explicarse con más facilidad.

Según los que entienden los misterios de la psique del futbolista, estas historias se inician con George Best, conocido como "el quinto Beatle" y estrella luminosa del Manchester United, durante los años 60. Best brilló en la cancha y se hizo célebre por vivir fuera de la cancha arriba de la pelota, una pelota inflada con gin, sexo y billetes. Best tuvo a las best woman de su tiempo: misses universo, actrices de cine, modelos a granel... Y mujeres malas también, que lo dejaron pelado y lo pusieron en ridículo, como la ex novia de Ronaldo, Vivi Brunieri, que aprovechando el escándalo de su otrora famoso novio será protagonista de Vivi Ronaldinha, un largometraje que aprovecha el paso de Ronaldo y sus "amigas" por el motel Papillon.

Como decíamos, el difunto Best fue el primero de un sinfín de cracks que en cuestión de meses pasan del estado de futbolista pop al de futbolista top, sin preparación ninguna. Algunos sostienen que Maradona se volvió drogadicto porque entre su existencia de niño pobre en una villa miseria al de máximo ídolo del fútbol mundial no hubo transición, y así se saltó los placeres propios de un joven normal. A Ronaldo le sucedió lo mismo. Alcanzó la gloria de un paraguazo: a los 20 había ganado el FIFA World Placer, acumulaba millones en euros y le llovían las mujeres. Su matrimonio duró apenas 4 años, y de ahí se lanzó a coleccionar novias sin ton ni son, convirtiéndose en un tarambana, tal como lo demuestra su último y patético episodio.

Frente a esto, la locura de nuestro Mago Valdivia -un muchacho desenfrenado y rebelde pero a la manera de un niño, aficionado a tirarse quesos y jamones a la cara, a sacarle pica a la afición y a irritar a sus entrenadores- parece cordura. O al menos, estabilidad emocional. Ayer no más, Superman Vargas, el histórico arquero de la "U", me comentaba que los futbolistas suelen casarse muy jóvenes. Que en esa acción de enyugarse tempranamente buscan control para las tentaciones que, cuando el éxito llega, les salen al camino a cada rato. Aunque suene mamón, no hay menor cinturón de seguridad existencial que una familia bien armada.

A diferencia de lo que sucedía en los años del reventado Best, los jóvenes futbolistas de hoy saben que pueden asegurar económicamente sus vidas, siempre y cuando mantengan cierto equilibrio entre placer y trabajo. Y esto, haciendo abstracción de "los palos verdes", es válido para la especie masculina en general. Por eso no se entiende que teniendo a Bia en casa, Ronaldo saliera en pos de Andrea/Andrés a la calle, con las consecuencias por todos conocidas. Al amparo de su juvenil esposa y con el drástico predicamento que sostiene el "Mago" Valdivia en relación a la infidelidad, creo que el ex "Loco" Valdivia demuestra una nitidez de pensamiento superior. O al menos me parece que está a resguardo de los Andrés/Andrea de este mundo.

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