
|
Getty Images
Ximena Torres Cautivo fue a Miami y vio "cómo está golpeando la recesión a los habitantes de esta ciudad que es sinónimo de compras y consumo, en el país que generó el descalabro".
|
Ximena Torres Cautivo
Santiago, Chile
Estuve brevemente en Miami. De domingo a martes, contando las ocho horas para allá y las ocho para acá en avión. Hacía frío afuera, en las calles, y adentro, en la habitación morisca del Hyatt y sobre todo en los salones de ese hotel donde asistí a maratónicas reuniones de trabajo. Un freezer habría sido más cálido.
Basta de quejas, me dije, lo bueno es que veré el efecto Obama in situ. Y cómo está golpeando la recesión a los habitantes de esta ciudad que es sinónimo de compras y consumo, en el país que generó el descalabro. Tres horas tuve para intentar hacer este tanteo sociológico, reducido eso sí al elegante sector de Coral Gables. Fui a un mall poco concurrido por chilenos: el exclusivo Merrick Park, donde casi no se habla español, salvo que seas del aseo. Me gustaron unos zapatos. Estaban en sale aún como consecuencia del famoso black friday, día de liquidaciones extremas que se realiza después del Día de Acción de Gracias. Costaban 367 dólares. Desistí. Luego supe que dados los disminuidos resultados del día del ofertón este recesivo año, las rebajas se acentuarían el próximo fin de semana.
En la tienda Ross, Dress por Less, ubicada en la famosa avenida Miracle Mile que concentra a muchas de las boutiques dedicadas al tema novias, sí que me sentí en Miami. Allí estaban los latinos, comprando y vendiendo barato sus regalos de Navidad en ese rítmico spanglish con olor a reggaeton que hablan. La argentina con que andábamos sucumbió al vístete por menos de Ross (gran dato, lo recomiendo) y no volvimos a verla. Salimos. Entramos a Barnes & Noble, realmente lo más noble de Estados Unidos: una cadena de librerías donde puedes leer un libro completo sin comprarlo. "Esto es cultura", me comenta la periodista colombiana que aún sigue conmigo.
Junot y su no Spanglish
"La audacia de la esperanza", uno de los textos de Obama, copa varios estantes y mesones del local de Barnes & Noble, pero prefiero comprar "La breve y maravillosa vida de Óscar Wao" con que el dominicano Junot Díaz ganó el Pulitzer este año 2008. El tipo estuvo en Chile, su novela cuesta más de 13 mil pesos; acá vale 10 mil.
Junot Díaz, el "ghetto writter" como lo han llamado, cuenta las miserias de los inmigrantes, que son las suyas: él mismo llegó con su familia a Nueva Jersey cuando tenía apenas 6 años, y nunca ha sido un latin lover, por eso su novela está protagonizada por un nerd que no encuentra acomodo en ese mundo prestado. Díaz no escribe en español ni en inglés ni en spanglish. Usa el idioma de la minoría de Estados Unidos. Escribe "then you will be mi negra bella", bróder y fokin. Igual que la puertorriqueña con que vi el último debate entre McCain y Obama. Llamaba a Sarah Palin "la fokin loca", cuando se apasionaba, y su atención estaba puesta en todo lo que aludiera a los inmigrantes. Ni McCain ni el electo Barak Obama les dieron mucha pelota. Una pasadita por el tema Colombia y ya. Suficiente.
Díaz sostiene: "Los gringos quieren negar el español, lo perciben como una amenaza, pero este país camina hacia el bilingüismo. Con el español pasa lo que nunca ha ocurrido aquí con otro idioma, que se va reforzando con la llegada de nuevos inmigrantes. Cada cinco o seis años viene un nuevo 'draw', una extracción de dominicanos, y los mexicanos que no dejan de llegar, y los colombianos, los ecuatorianos, los argentinos... Yo lo veo como una piscina que a la luz del día se seca un poquito, pero que por la noche se vuelve a llenar de agua".
Una piscina que en esta breve visita está helada y quieta, atenta a lo que haga Obama con la economía, y que en su particularidad idiomática es la representación más elocuente de la globalización. Interesante Miami, pese al fokin frío y a los precios.
Terra Magazine
» Darwin y las machas a la parmesana