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Elizabeth Burgos: "La ceguera del Che era enorme"

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El Che poco antes de ser asesinado, escoltado por el agente de la CIA Félix Rodríguez. Para Burgos, antes que el Partido Comunista boliviano o la CIA, el primero en rechazar la intromisión revolucionaria fue el campesinado.

Pablo E. Chacón
Buenos Aires, Argentina

Nacida en Caracas en el seno de una familia acaudalada, Elizabeth Burgos abandonó las comodidades para unirse a la movida izquierdista de los sesenta. Así conoció a su futuro esposo, el francés Régis Debray, autor de Revolución en la revolución (obra obligada de la insurrección latinoamericana), quien había llegado a Venezuela para escribir un reportaje sobre el fallido desembarco revolucionario en ese país, desde donde siguió hacia Cuba. La joven recorrió Colombia, Ecuador, Perú (donde estuvo detenida) y Chile, donde trabajó cerca de Salvador Allende. Cuando éste ganó las elecciones en 1971, Debray -recién salido de la cárcel de Camiri, en Bolivia- se convirtió en uno de sus asesores. Antes de eso, Burgos había participado en la Conferencia Tricontinental de La Habana, en 1966. En la isla, junto a Debray, recibió entrenamiento militar. Siempre se dijo que su familia tenía estrechas relaciones con Charles De Gaulle, lo que habría facilitado la liberación del autor de Crítica de las armas. Finalmente, se separaron y Burgos se radicó en Francia. Está matriculada en Psicología Clínica y Antropología. En 1982 lanzó a la fama a Rigoberta Menchú, después Premio Nóbel de la Paz que ganó la centroamericana. Intentó un ejercicio similar con Daniel "Benigno" Alarcón Ramírez, compañero de Castro y Guevara en la Sierra Maestra. Hace poco su firma apareció junto a la de Isabel Allende y la de Costantin Costa-Gravas en un proclama exigiendo a las FARC la liberación de Ingrid Betancourt. Es directora de la Casa de América Latina de París, del Instituto Cultural Francés de Sevilla, y fue agregada cultural de Francia en Madrid, España. Es miembro del comité de redacción de la revista Encuentro de la Cultura Cubana y columnista en diversos medios. Esta es la conversación que tuvo con Terra Magazine desde su despacho en la capital francesa.

Entrevista

Terra Magazine: Usted discrepa con las versiones sobre la muerte de Guevara y sobre las condiciones que la hicieron posible.
Burgos: Exacto. Según esas versiones, la muerte del Che fue obra del "imperialismo", en particular de la CIA. Parece que a muchos se les olvidó qué tipo de país era Bolivia, y qué circunstancias históricas atravesaba como para soportar el acoso de un foco guerrillero. Bolivia era un espacio geográfico que reunía ciertas características ideales para ese proyecto (su insularidad, la selva, el campesinado rural), pero fue precisamente ese campesinado, antes que Monje, el Partido Comunista boliviano o la CIA, el primero en rechazar la intromisión revolucionaria. Ya existía el antecedente de Venezuela, otro fracaso. Pero esta gente era obstinada. Sobre todo, obstinada en fracasar.

Terra Magazine: Su marido, Régis Debray, también participó de la aventura boliviana.
Burgos: Ex marido.

Terra Magazine: Ex marido, discúlpeme.
Burgos: Igualmente, no hagamos psicología barata. La pregunta que hay que hacerse es por qué Bolivia, y si la idea fue de Guevara o de Castro. Todo indica que Guevara es el ideólogo, y los últimos aportes de Ciro Bustos confirman la especie: Guevara siempre quiso convertir a la Argentina en un país revolucionario. Eso indica que jamás, ni siquiera después de hablar con el mismísimo (Juan Domingo) Perón, que le aconsejó desistir, entendió la función política del peronismo. El peronismo, como Hugo Chávez hoy en mi país, representaba la versión populista de la socialdemocracia europea. Perón le dice a Guevara que desista, que el peronismo jamás lo apoyará, salvo casos excepcionales como el de John William Cooke, y así ocurrió; lo mismo pasó en Bolivia, que pocos años antes había hecho una reforma agraria. En 1953, el Che estuvo en Bolivia. Ese año resultó clave para los bolivianos, pero la ceguera de Guevara era enorme.

Terra Magazine: Si avanzamos unos años, después del fracaso en el Congo -y contrariando todos los mandatos que él mismo había dado-, Castro intenta convencer a Guevara de no dar el salto a Bolivia.
Burgos: Es cierto. Guevara, después de la catástrofe africana, se ve obligado a refugiarse clandestinamente en Praga, desde donde pensaba dirigirse a Bolivia. Castro lo convence de volver, clandestino también, a La Habana, para que organice desde ahí su expedición a América del Sur. Pero es puro cálculo: Fidel sabe (y el Che también) que el prestigio de la revolución cubana está en juego y que se vería afectado si Guevara caía preso en un aeropuerto o un hotel. Y hay un segundo acto, que es la negociación entre Castro y (Mario) Monje, el secretario general del Partido Comunista boliviano, que como todos los partidos comunistas del continente, exceptuando el de Venezuela por un tiempo, no compartían la línea cubana de lucha armada. Castro le pide ayuda para "un amigo" que iba a ingresar clandestinamente a la Argentina, pero que debía estar un tiempo en territorio boliviano. Monje se niega. Ya conocía la experiencia de la guerrilla salteña de Jorge Masetti (1963-64), el EGP, y además empieza a sentir la presión de los soviéticos, que están haciendo negocios con los gobiernos constitucionales de la zona y lo que menos querían era un revoltoso dando vueltas. Pero de todo esto no puede concluirse que Monje, o el propio Castro, abandonaran a Guevara a su suerte. Por lo demás, es público que un cable cifrado, del 24 de noviembre de 1966, emitido por la jefatura de las Fuerzas Armadas bolivianas, notificó a las embajadas bolivianas limítrofes, del ingreso del Che a territorio boliviano.

Terra Magazine: ¿Existen otros indicios?
Burgos: Existen, claro. Y uno en particular: el 16 de abril de 1967, en la conferencia de la Organización de Solidaridad de los Pueblos de Africa y de América Latina, se lee el Mensaje del Che que pide la creación de "dos, tres, más Vietnam". Al otro día, Guevara escribe en su diario: "es la confirmación de mi presencia aquí ante la CIA". Y después, la reunión en La Habana, en julio, entre Castro y Kosiguin.

Terra Magazine: ¿Pudo ser de otra manera?
Burgos: Es muy difícil decirlo. Tal vez hubiera sido de otra manera si el Che se apoyaba en los sindicatos mineros y en la Central Obrera Boliviana, pero el revolucionario siempre consideró a los sindicatos poco revolucionarios, luchadores pequeñoburgueses.

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