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El escándalo de Wena Naty como motor publicitario

Cortesía
La difusión del video de Naty le ayudó al Rumpy a promocionar su película.

Ximena Torres Cautivo
Santiago, Chile

Nicolás Copano lleva más de una hora en mi oficina y me da está dando la sensación que se podría quedar a acampar. Habla a mil por hora. Entre medio invitó a venir a su socio, el que al parecer anda en el otro extremo de la ciudad, así que de tanto en tanto suspende el discurso para darle instrucciones por el celular. Pero el mensaje es claro: de lo que se trata esta conversación es de apoderarnos de la Web, o al menos de parte de ella, de la que se hace en español, y para eso Copano cuenta con Gou, su empresa de publicidad juvenil.

Nicolás habla de marketing viral, de la eficacia de Internet como vitrina para la venta de lo que sea, de la ceguera de las agencias publicitarias tradicionales que prefieren la televisión abierta sin darse cuenta de lo que se puede lograr a un centésimo del valor con una campaña en la Web. Yo comparto el discurso, se lo compro y lo aplaudo.

El chico, que es igual a sí mismo, tal como aparece en su programa de televisión Canal Copano junto a Fabricio, su hermano chico, no blufea. Para muestra, un botón: a comienzos de octubre, a un par de días del estreno de Radio Corazón, la exitosa película del Rumpy, lo llamó su mismísimo y flamante director, Roberto Artiagoitía. El Rumpy quería publicidad viral y había elegido a Gou, o sea, a Copano.

Todo esto pasó por los mismos días en que Wena Naty había dejado de ser una anécdota juvenil que circulaba en fotologs y se comentaba vía MSN para convertirse en el símbolo de la decadencia de la juventud chilena con psicólogos, curas, educadores, políticos, policías cibernéticos buscando responsables, haciendo gárgaras de moralina en los medios y crucificando a la a estas alturas tristemente célebre Naty.

Copano, chico rápido con la pistola, dijo sí al pedido del decolorado hermano del ex cura Jolo, y en un dos por tres ya había montado Diríjase al país.cl, un sitio que invita a sus visitantes a bajar "Ruda", un himno a "todas las wenas Natys de Chile"; a escribir "tu primera vez" y a subir a YouTube un videoclip de la reggaetonera canción tributo a todas las chicas dispuestas a practicar con alegría una fellatio (fantasía absolutamente masculina, porque, como dice mi amiga la sexóloga Fanny Muldman, objetivamente es muy rara la mujer que encuentra placentero este menester: o lo hace como un acto de genuino amor y generosidad hacia su pareja o lo hace de manera profesional, ojalá contra una paga que justifique el esfuerzo). De fondo, hay un banner donde se ve al Rumpy con su poco sentadora polera con la polémica leyenda "Mar para Bolivia" y se ve el logo y el título de Radio Corazón, la película.

Comando Copi

El éxito arrollador de Diríjase al país.cl -expresión que, supongo, hasta los menos avispados habrán descubierto, es uno de los sinónimos criollos más difundidos para aludir a la fellatio- estuvo dado por la oportunidad -oportunismo, dirán los más estrictos- que Naty y sus poco solidarios amigos habían instalado en la escena nacional.

Así, la desgracia de Naty fue la fortuna del Rumpy y de Copano, el publicista juvenil alternativo, que supo sacarle partido a la coyuntura. Y la coyuntura era ad hoc para hablar del tema que suele ser la materia prima de los escasos blockbusters nacionales: el sexo patético.

Lo que al parecer les resulta a los cineastas locales son las historias de gente mal tirada, de gente malquerida. De tipos engañados, de mujeres insatisfechas, de parejas condenadas a la falta de intimidad por culpa de las casas Chubi, de relaciones violentas e incestuosas y, ahora, en esta pasada de Radio Corazón, de nueras y suegras que se gustan, de empleadas de patronas enfermas a las que deben suplir en los deberes conyugales, de chicas medio pokemonas, medio góticas, medio emo, que se juraron ser desfloradas, perder la virginidad a como dé lugar antes de salir de cuarto medio.

Esa última historia al final es la que más convincente resulta, más verosímil pese a su desenlace, aunque no dudo que las otras dos sean reales o al menos hayan sido contadas al chacotero sentimental, al Rumpy, que ha confesado que pone más oreja que corazón cuando escucha esas cuitas de sus auditores porque al final de todo se trata de una pega, de una manera de ganarse la vida, no de un apostolado.

Él mismo ha contado que "El Comando Copi" existe, que las actrices Manuela Martelli, Constanza Jacob e Isidora Cabezón, que es la mujer del Rumpy, conocieron al trío dinámico de estudiantes que inspiran el capítulo al hacer la investigación de sus personajes en la Quinta Normal.

"El Comando Copi" (palabra que, para los que no lo saben, es la manera "monona" de referirse al órgano sexual masculino y el sinónimo delicado que solía usar Emeterio Ureta cuando era panelista de mi programa "Acoso Textual" en Canal 13) es, por lejos, la más cercana de las historias que arman la película del Rumpy. La menos rebuscada y la que resulta más común: liceanas, chicas de enseñanza media en pos de un aprendizaje que no se encuentra en la sala de clases. Bien lo sabe la Naty, que terminó expulsada por su interés en estas materias y se convirtió, entre otras muchas cosas, en un impulso para la película del Rumpy y en una notable carta de presentación para la dinámica empresa Gou, de Nicolás Copano.

Conclusión 1: en la web nadie sabe para quién trabaja.

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