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Terra Chile
Virginia Reginato está en el centro del huracán, tras descubrirse una posible falsedad en sus notas estudiantiles.
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Juan Guillermo Tejeda
Santiago (Chile)
La alcaldesa de Viña del Mar, Virginia Reginato, sufre en estos días porque su licencia media la obtuvo en un compilado exprés, y la acusan ahora de que hizo diez años de colegio en un semestre. Ella posee el coraje, posee la voluntad, es una mujer rotunda y sonora que da el ancho y el alto, y si lo logró, hay que aplaudirla. A ver señorita Reginato: árboles de hoja perenne y caduca, volcanes de Chile, hoya hidrográfica del Amazonas, conjuntos, números quebrados, consecuencias de las guerras médicas, fórmula del ácido bórico, los criollistas chilenos... Si ella pasó todo eso por su computadora cerebral en 18 semanas, procesándolo luego en forma de unos exámenes libres dados en Colina suponemos que ante una comisión o algo, enhorabuena.
Los concejales y alcaldes deben ahora certificar que han terminado exitosamente el colegio. De otro modo, según la ley, no pueden presentarse a las elecciones ni asumir sus cargos. Que los cargos elegidos por votación popular sean seres de buenas o malas notas, de licencias secundarias o universitarias o no, que vistan bien o a su pinta, y dominen siete o tres o apenas un idioma, es en verdad cosa de ellos y de sus votantes, puede pensar uno.
¿No sería mejor que cada cual sea como es? ¿Que no tuviera ni que fabricarse ni que producirse? Si así fuera, los cargos electivos o de representación popular llevarían al poder a la gente tal como es, sin afeites ni adornos culturales conseguidos a presión. Hay en la Cámara de Diputados un reglamento muy estricto sobre la formalidad en el vestir, lo que aparece también como una imposición innecesaria: si hay un caballero que no tenga afición a la corbata o al pelo corto y prefiera un peinado rasta, allá él con sus votantes. O una dama propensa a los escotes o a los tajos laterales en la falda, nada que objetar tendríamos si contara con la debida adhesión del pueblo. El sentido de la representación popular es llevar a los salones del poder a la gente común y corriente.
Hasta nuestros ministros o subsecretarias tienen a veces algún problema para calzar su curriculum vitae, donde se ponen habitualmente sólo los antecedentes favorables, adornando la fría realidad con algún arabesco creativo. Y es que los cargos públicos están sometidos a un escrutinio estresante. Por ejemplo hay un diputado Monckeberg que revisa muchos los curriculums de los ministros, pero en el suyo aparece un doctorado que es de Harvard pero no tanto, porque en verdad es otorgado por una subsidiaria tipo cursos de extensión... Cuando a un alcalde lo agarra la Contraloría general de la República siempre es difícil que todo, absolutamente todo, esté calzado y regular. Ahora alguien ha escrutado con lupa en los estudios de la pobre Reginato, y la tenemos sufriendo por una licencia secundaria un poco mula. Pero bueno, uno a ella le daría cualquier licencia, sobre todo si tomamos en cuenta que fue reina de belleza en sus años, y si a ello sumamos el Festival de Viña.
Para ser Papa se necesita ser cardenal porque son los cardenales los que finalmente eligen -o nominan, o designan- al máximo pontífice, aunque en verdad cualquier católico puede ser papa. Lo de cardenal es más que nada para estar ahí y ordenar un poquito los votos. Se agradece si el elegido habla varios idiomas o sea unos seis o siete, si no pertenece a una superpotencia militar y si tiene ya cierta edad. Pero en rigor las cosas están casi más abiertas para ser elegido Papa que para ser concejal en Chile.
Aquí hay que haber ido al colegio, y terminarlo. No importa que la educación chilena sea una de las peores del mundo en cuanto a calidad y equidad, ni que las liceanas le lancen jarros de agua a las ministras o que los profesores carezcan de posibilidades reales de hacer carrera docente. La licencia secundaria es un requisito legal, y como los chilenos somos legalistas en el sentido de que nos gusta no el espíritu de la ley sino la letra, la formalidad, ahora estaríamos exigiéndosela a los ediles.
Algunos han reclamado porque no pueden presentarse para un nuevo período. Los alcaldes de las comunas de Curaco de Vélez, Luis Curumilla, y de localidad de Puqueldón, Nora Barria, así como un concejal de Ancud, Pablo Ossio, estarían abandonando las lides municipales por no haber hecho las tareas que sí hizo Virginia Reginato en formato compacto. En fin, la ley es la ley.
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