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El Nuevo San Martín

AFP
Un estilo futbolístico basado en el estudio, el análisis, la disciplina, el método y la mecanización.

Felipe Bianchi Leiton
Santiago, Chile

Resulta absurda e infantil la acalorada discusión que se está dando en Chile en estos momentos y que pretende separar aguas entre bielsistas y antibielsistas. Principalmente porque, como toda caricatura, es exagerada e injusta.

La gente que adhiere a los postulados de Bielsa -organización, disciplina, profesionalismo extremo, juego ofensivo, dinámica- entienden que el tipo no es un Dios y que comete errores. Obvio. Y los que disienten del estilo del rosarino -por cerrado, obsesivo, rígido o demasiado ofensivo al punto de descuidar los matices del juego- tampoco consideran que el personaje sea un desquiciado o una suerte de anti cristo que le hace daño a la actividad. Supongo.

No hay que caer, por ende, en el juego mediocre del maniqueísmo, de los buenos y los malos. Sin embargo, yo que entro en el cajón de los bielsistas desde el primer día, le pudo decir que hay diferencias claras al momento de tomar partido y ejercitar el coco.

La primera distancia entre uno y otro discurso tiene que ver con la objetividad de los números. Desde que Bielsa está en Chile al menos cuatro marcas históricas se han batido: Chile está en la mejor posición que ha estado nunca desde que se juegan las clasificatorias, el porcentaje de triunfos en el extranjero es el mejor de la historia para un técnico de la selección, por primera vez se llegó a la final del importante torneo de Toulón y por primera vez se le ganó a Argentina por los puntos. Suficiente, me parece, como para desnivelar el péndulo.

Segundo punto clave: todos los que sabe algo de fútbol -técnicos, jugadores, periodistas y dirigentes del "primer mundo pelotero" -han señalado una y otra vez en estos doce meses que Chile hoy juega "distinto". El equipo tiene otra dinámica, corre más, marca mejor y busca ganar todos los partidos de una manera que no está -eso también es objetivo- en los anales del balompié local. A veces gana (hasta aquí la mayoría de las veces). En ocasiones pierde (se ha comido sonadas goleadas ante Brasil y Paraguay). Pero juega distinto. Mejor. A tal punto que la selección ha recibido este año invitaciones para disputar amistosos de países que antes derechamente no nos cotizaban: Austria y Suiza justo antes de ser sedes de la Copa Europa, España como actual campeón continental, Japón y Corea, Italia, Holanda, Francia, Sudáfrica para inaugurar sus estadios antes del mundial. La lista es larga.

Para bien o para mal, Chile está situado hoy en un concierto en el cual, objetivamente, antes no estaba. Gracias al presidente de la ANFP y hombre de la FIFA Harold Mayne Nicholls, pero también gracias a cómo juega el equipo. Ya no aburre ni queda abierta la puerta a una vergüenza en términos de espectáculo.

¿Se da cuenta? Datos objetivos, indesmentibles. Y ya van tres: los números, la estética de juego y el "valor de mercado". El punto es cómo explicamos esto, cómo hacemos entender por qué pasó lo que pasó... y ahí viene la diferencia mayor entre una y otra postura.

Los anti bielsistas (o los que se resisten a reconocer los avances porque erraron en la partida y llegaron tarde a los abrazos) no tienen cómo explicar conceptualmente lo que está pasando. No es suerte, claro está. No es casualidad tampoco. Insisten en que hay errores de conformación del equipo, en que podrían jugar otros (Valdivia es el ejemplo más claro), o en que todavía no se consigue nada porque lo único que importa es clasificar. Pero eso es futuro -llamémoslo duda futura- y no explica la evidente revolución estética, numérica y anímica producida desde la llegada a Chile de técnico argentino.

Y la verdad es que sí tiene explicación. Desde la otra vereda se puede. Y es muy simple: cuando se trabaja priorizando el estudio, el análisis, la disciplina, el método y la mecanización, siempre las cosas cambian para mejor. Y si las tres ideas futbolísticas claves son atacar, correr y que "el equipo siempre es más importante que las individualidades" también estamos más cerca de cumplir los objetivos. Eso no lo inventó Bielsa... ni los holandeses, ni los alemanes, ni los italianos. Es una forma de vida que valora el trabajo más que la improvisación. Y sólo esa valoración -me van a perdonar- explica todo y hace que lo de Bielsa sea un cambio cultural en Chile, país siempre más cercano a la improvisación en todas sus esferas.

A ver si nos entendemos: no es que Bielsa sea una suerte de nuevo San Martín, en tanto liberador de los desordenados, conformistas, flojos y trotones jugadores chilenos... pero se le acerca. ¿Va a perder Chile? Por supuesto, muchas veces más. ¿Va a llegar al mundial? Capaz que no. ¿Van a cambiar los métodos de trabajo? Ya cambiaron.

Pd: ¿Sabía usted, a propósito de peleas torpes, que Bielsa todavía no cobra ni el 10% de su sueldo? Cuando llegó a Chile hubo una discusión muy ordinaria en torno al nivel de sus ingresos. Pues bien, la selección ha generado en un año más de seis veces el monto de su sueldo vía amistosos, mercadeo y entradas... Gran negocio. Pero además el tipo todavía no pasa por caja. Notable.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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