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Abajo la línea de Durand

The New York Times
Noam Chomsky

Noam Chomsky
De The New York Times

Desde la antigüedad, la región conocida ahora como Afganistán siempre fue la encrucijada de conquistadores en potencia. Reinaron allá Alejandro, el Grande, Genghis Khan y Tamerlán.

Durante el siglo XIX, los Imperios Británico y ruso se disputaron la supremacía de Asia Central; el Gran Juego, tal como se llamó esta rivalidad. En 1893, Sir Henry Mortimer Durand, un oficial colonizador británico, dibujó una línea de 1.500 millas para definir la frontera Oeste de India perteneciente a la Gran Bretaña. La Línea Durand cortaba áreas tribales de los Pashtun, que los afganos consideraban parte de su país. En 1947, la parte noroeste de la región fue cincelada como el nuevo estado de Pakistán.

El Gran Juego continúa en Afganistán-Pakistán: Afpak, como se lo llama ahora. El término tiene sentido para nombrar la región a cualquier lado de la apenas visible y confusa Línea de Durand, que la población nunca aceptó y a la que el estado de Afganistán, cuando todavía estaba funcionando, se opuso constantemente.

Una marca indeleble histórica es la que los afganos lucharon ferozmente para expulsar a todos los invasores.

Afganistán continúa siendo un premio geoestratratégico en el Gran Juego. En Afpak, el presidente Obama ha procedido, de acuerdo a las promesas de su campaña, de graduar considerablemente la guerra, llevando adelante el modelo de escalonamiento de la administración Bush. Actualmente, Afganistán está ocupado por los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN. La presencia militar de afuera sólo aumenta más los conflictos, mientras que lo que se necesita es un esfuerzo común entre los poderes regionales afectados -incluyendo China, India, Pakistán y Rusia- que podrían ayudar a los afganos encarar sus problemas internos en paz, como muchos creen que pueden.

La OTAN se ha movido más allá de sus orígenes de la Guerra Fría. Después del colapso de la Unión Soviética, la OTAN perdió su pretexto de existencia: la defensa contra un hipotético asalto ruso. Pero, rápidamente la OTAN tomó una nueva misión. El presidente Clinton, violando las promesas hechas a Mikhail Gorbachev, expandió la OTAN hacia el Este, una seria amenaza a la seguridad de Rusia, naturalmente aumentando las tensiones internacionales.

El consejero de seguridad nacional del presidente Obama, James Jones, comandante supremo de los aliados de la OTAN en Europa desde el 2003 al 2006, recomendó la expansión de la OTAN al Este y al Sur, pasos que reforzarían el control de los EE.UU. sobre la provisión de energía del Medio Este (en términos técnicos, "salvaguardar la seguridad de energía"). Él también abogó por una fuerza de respuesta de la OTAN, lo que daría a la alianza militar de EE.UU. "mucha mayor capacidad de flexibilidad para hacer cosas rápidamente a muy largas distancias".

Tal misión de la OTAN podría incluir el proyectado conducto TAPI de US$7,6 mil millones, que llevaría gas natural de Turkmenistán a Pakistán y a la India, cruzando la provincia de Kandahar en Afganistán, donde las tropas canadienses de la OTAN están desplegadas. Washington ha favorecido el proyecto TAPI porque podría bloquear un conducto competidor de Irán a India y a Pakistán y disminuiría los dominios de Rusia con relación a la energía de Asia Central. De todos modos, no está claro, si es que estos planes son considerados realistas a la luz de los actuales conflictos en Afganistán.

China podría representar la preocupación mayor de Washington. La Organización Cooperación Shanghai, establecida en China, que algunos analistas la creen como un contrapeso de la OTAN, incluye a Rusia y a los estados de Asia Central. India, Pakistán e Irán son observadores, y hay especulaciones acerca de su unión. China tiene también profundas relaciones con Arabia Saudita, la joya en la corona del sistema petrolero. Una fuerza tradicionalista contraria a las estrategias de las grandes potencias es el sólido movimiento de paz que está creciendo en Afganistán. Los activistas han hecho un llamado para el fin de la violencia y negociaciones con los Talibán. Estos afganos dan la bienvenida a la ayuda exterior, para la reconstrucción y el desarrollo, no para propósitos militares.

El movimiento de paz está consiguiendo un gran soporte popular en Afganistán, por lo que las tropas estadounidenses que lleguen al país tendrán que vérselas no sólo con los Talibán sino con "un desarmado pero igualitario desalentador enemigo: la opinión pública", reporta Pamela Constable del The Washington Post en su última visita a Afganistán. Muchos afganos dicen "en vez de ayudar a vencer a los insurgentes y acallar la violencia que ha asaltado su país, una mayor cantidad de tropas van a exacerbar el problema".

La mayoría de los afganos entrevistados por Constable "dijo que preferirían un acuerdo negociado con los insurgentes a una campaña militar intensificada. Muchos apuntaron también que los guerrilleros talibanes son sus coterráneos afganos y musulmanes y que tradicionalmente el país suele resolver sus conflictos a través de las reuniones entre tribus y comunidades".

El primer mensaje del presidente afgano Hamid Karzai a Obama, aparentemente sin respuesta, fue un pedido para que parara de atacar a los civiles. Karzai también informó a una delegación de las Naciones Unidas que él quiere una agenda para la retirada de las tropas extranjeras (queriendo decir las estadounidenses). Él está, por lo tanto, en desacuerdo con Washington, y como corresponde pasó a ser retratado en los medios como "poco fidedigno", "corrupto", etc., algo no más verdadero que cuando fue puesto como "nuestro hombre" en Kabul. La prensa informa que los Estados Unidos y sus aliados están planeando suplirlo a favor de una figura de su elección. La popularidad de Karzai también ha declinado en Afganistán, a pesar de continuar muy arriba de la popularidad de las fuerzas de ocupación norteamericanas.

Una útil perspectiva viene del experimentado corresponsal británico Jason Burke, quien escribe, "nosotros todavía esperamos construir un estado que queremos para Afganistán, no el estado que ellos realmente quieren. Pregúntenles a muchos afganos qué estado ellos desean tener dentro de algunas décadas y la respuesta será Irán".

El rol de Irán es particularmente importante. Tiene íntimas relaciones con Afganistán. Se opone fuertemente a los Talibán y ha dado una ayuda substancial en expulsarlos, y su recompensa fue ser excluido del Eje del Diablo. Tiene más interés en un estable y floreciente Afganistán que cualquier otro país, y tiene relaciones naturales con Pakistán, India, Turquía, China y Rusia. Estas relaciones se desarrollan por sí mismas, tal vez asociadas con la Organización Cooperación Shanghai, si es que los Estados Unidos continúan bloqueando las relaciones de Irán con el mundo occidental.

Esta semana, en la conferencia sobre Afganistán de las Naciones Unidas, en Haia, Karzai se entrevistó con los oficiales iraníes que pidieron ayuda para la reconstrucción y la cooperación de la política regional para combatir el creciente comercio de drogas en Afganistán.

La política de escalonamientos Bush-Obama no conduce a un acuerdo de paz en Afganistán o en la región. Lo que es importante es que las negociaciones entre afganos se lleven a cabo sin interferencias externas, sean ella del Gran Juego o no. Los problemas de Afganistán son materias que los afganos deben resolver.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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