Terra
Terra
 
 

Terra Magazine

› Terra Magazine › Columnistas › Javier Darío Restrepo

Cañones para callar a un cantor

EFE
"El de las masas airadas es un comportamiento irracional, estimulado por el pensamiento, tal como se pudo apreciar entre los cubanos de Miami, o entre los airados vecinos de Bogotá", dice Restrepo.

Javier Darío Restrepo
Bogotá, Colombia

Armados con esos enormes martillos con que se derriban paredes y se destrozan planchas de cemento; con un bidón de gasolina, como si fueran a volver cenizas a un enemigo amenazante y peligroso, con profusión de carteles y pasacalles para convocar a la ciudad con la urgencia con que antes lo hacían las campanas de las iglesias echadas a vuelo, el ulular de las sirenas y las voces de los pregoneros, con toda esa parafernalia llegaron los cubanos de Miami para exigir que se callara un cantor.

Cuando vi esas escenas de la televisión creí encontrar algo semejante al avance de un ejército con tanques, metralletas y cañones para silenciar a un pájaro carpintero a un turpial. Así era de escandalosa la asimetría de fuerzas enfrentadas a propósito del proyectado concierto en la Plaza de la Revolución de La Habana.

Los discos compactos regados por el suelo, parecían tan frágiles como alas de mariposa. Destrozarlos con un martillo de demolición resultaba tan desproporcionado que el hombre apenas si simuló el gesto ante las cámaras. La intolerancia es desproporción y simulación, suele enfrentar ideas con martillos o con teas, o en el menos malo de los casos, a los verbos y sustantivos de los hechos opone adjetivos.

Esa ceguera de la intolerancia está apareciendo en los linchamientos morales o reales que promueven las furias colectivas. Fue linchamiento moral el que le hicieron a un boticario a quien sus malquerientes señalaron como el padre de la criatura que gestaba una niña de doce años. El escándalo de barrio se convirtió en suceso nacional cuando la prensa, ávida de escándalos, les hizo eco y amplificó el chisme de los autonombrados jueces de barrio. Cuando la investigación judicial demostró la inocencia del boticario, el daño ya estaba hecho. La indignación popular, intolerante porque irracional, o irracional porque intolerante, había incurrido en una injusticia y despropósito semejante al de los fanáticos de Miami empeñados en callar a un cantor.

La otra escena la protagonizaron hace unas semanas unos taxistas de Bogotá que, justamente indignados por el atraco nocturno a uno de sus colegas, cometieron el error de sustituir a los investigadores de la justicia. Si estos profesionales cometen con frecuencia lamentables errores, cuanto más estos improvisados investigadores, que además, indignados y gregarios, emprendieron la persecución de los atracadores y señalaron una casa en la que, presumían, se refugiaban los delincuentes. Lo que siguió fue la gritería, la pedrea, destrucción de vidrios, los golpes y el intento de linchamiento, que a duras penas contuvo la policía.

La escena, mostrada en detalle por la televisión, fue tanto más bochornosa porque se demostró que los ataques habían sido contra la vivienda equivocada y quedó en duda si los hombres atacados y casi linchados eran o no los responsables.

Otro linchamiento estuvo a punto de darse por parte de la turba enfurecida que la semana pasada persiguió a un hombre de 72 años a quien acusaron dizque por haber tocado a una niña. Los vecinos del barrio se dieron la categoría y la función de jueces y por sí y ante sí lo declararon culpable y procedieron al castigo. La justicia de su causa, a falta de hechos o de razones válidas, la encontraron en la convicción de los otros de modo que apoyados entre sí, convertidos en una horda de fanáticos, con la soberbias de los intolerantes, sustituyeron a las autoridades y decidieron tomar justicia por su propia mano. Las imágenes que la televisión difundió fueron las de hombres y mujeres armados con palos y machetes, que gritaban justicieros, su voluntad de convertir su barrio en el reino del respeto a los niños.

Hay una hipocresía latente en los fanáticos, sean los de Miami, o los de los barrios de Bogotá. Proclaman causas más propagandísticas que reales, actúan para una tribuna a la que quieren demostrar que tienen la verdad de su lado y que son sus defensores y adalides. Llevan a la práctica la filosofía presuntuosa de que "los buenos somos más y los malos son los menos", que es el argumento en que se apoyan todas las dictaduras de las mayorías.

Es un hecho que motiva la reflexión de un politólogo como el profesor Giovani Sartori cuando comprueba que "las masas entran en la política", y se pregunta: "¿cómo es que este modo de ser, de mal ser de la sociedad, se refleja en el actuar de la sociedad política?" La pregunta es válida: si por definición la masa es "un agregado amorfo, opuesto al todo orgánico", la expresión es de Sartori ,quien agrega: "la sociedad de masas es una sociedad expuesta fácilmente a la movilización y a la manipulación".

El de las masas airadas o fanatizadas es un comportamiento irracional, estimulado más por la sensibilidad que por el pensamiento, tal como se pudo apreciar entre los cubanos de Miami, o entre los airados e intolerantes vecinos de los barrios de Bogotá. Todos se han sentido dueños de la verdad, de su verdad, todos se sienten mayorías y apoyan sus muy débiles verdades en el entusiasmo gregario de los otros; todos se han sentido un poder, el poder en que se funda la dictadura de las mayorías.

Señala finalmente el mismo Sartori: "este hombre masa está aislado, vulnerable y disponible; aporta un escaso sostén a las instituciones de la democracia liberal".

Es el espectáculo de estos días: desprecio de las instituciones, y el mismo espíritu arrogante e intrépido de cruzados e inquisidores, convencidos de que el número es razón suficiente para imponer la verdad única, callar las otras voces y pasar sobre las instituciones en nombre del llamado estado de opinión, o voz de la masa mayoritaria del país.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

Terra Magazine

Terra Magazine América Latina, Vea las ediciones en español